Marichuy y el Bronco no son lo mismo: equipararlos es cancelar la lucha del CNI

La decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) del día de ayer, 9 de abril, puede regresar a Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco” a la boleta presidencial a pesar de la larga lista de acusaciones contra su campaña. Inmediatamente aparecieron en redes sociales comparaciones con la campaña de Marichuy Aparicio, vocera del Congreso Nacional Indígena (CNI) ya que ella no logró reunir las firmas necesarias. ¿Por qué no es lo mismo?, ¿qué juego perdemos de vista al hacer esas comparaciones?

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Las decisiones del TEPJF

A pesar del casi millón de firmas falsificadas, a pesar de las denuncias de utilización de recursos estatales (dinero y trabajo de funcionarios de su gobierno) para su campaña, a pesar de una investigación abierta por la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), el TEPJF le dio una segunda oportunidad al Bronco. Y es casi seguro que estará en la boleta presidencial este 1º de julio.

En redes sociales, la decisión del Tribunal ha provocado comparaciones interminables con la campaña de María de Jesus Patricio, vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), quien no logró reunir las firmas necesarias para llegar a la boleta pero fue premiada por el Instituto Nacional Electoral (INE) como la aspirante independiente “más honesta”.

Sí, las dos campañas eran independientes y debieron de ser validadas por el INE y las instituciones electorales… pero hasta ahí llega la comparación

El camino del Bronco

Desde que asumió el gobierno de Nuevo León en 2015, Jaime Rodríguez dejó bien claro cuáles eran sus intenciones: llegar a la presidencia del mismo modo como se había hecho de la gubernatura de Nuevo León: la ‘independencia’ de partidos instituidos.

Sin embargo, esa ‘independencia’ no significó formas nuevas de organización política: toda la administración del Bronco en Nuevo León fue exactamente igual a la de los demás partidos, con los mismos problemas, las mismas ‘soluciones’ y los mismos clientelismos disfrazados por una actividad sin par en redes sociales.

Ya en campaña y bajo la lupa de medios y autoridades, se fueron haciendo evidentes las mil y un irregularidades de su recolección de firmas para llegar a la boleta. Funcionarios forzados a recolectar firmas, en activo en su campaña mientras seguían en su cargo; recursos estatales desviados a actividades electorales y publicidad del estado apoyando indirectamente sus aspiraciones presidenciales.

Que el INE le haya negado la candidatura debido al altísimo número de firmas irregulares fue lo menos que pudo hacer; que el TEPJF le diera una oportunidad más a pesar de todo, por otro lado, confirma que la estrategia de Rodríguez Calderón siempre fue aprovecharse del mismo sistema que ayudó a construir y que solo discursivamente desprecia.

Ha hecho todo lo posible (y lo seguirá haciendo) en pos de llegar a la presidencia. Y ese es su peligro.

Una campaña sin objetivos (dentro de la democracia representativa)

En el otro lado, pero de verdad: en el otro polo está la campaña del CNI y de su vocera, María de Jesús Patricio. Desde un principio, desde marzo del 2017 cuando rindieron su Quinta Declaración cuando nombraron a su vocera, declararon de forma conjunta que su campaña era otra: no buscar el poder sino visibilizar el racismo, la discriminación y los graves problemas sistémicos que, desde hace 5 siglos, enfrentan las comunidades indígenas:

“Ratificamos que  nuestra lucha no es por el poder, no lo buscamos; sino que llamaremos a los pueblos originarios  y a la sociedad civil a organizarnos para detener esta destrucción, fortalecernos en nuestras resistencias y rebeldías, es decir en la defensa de la vida de cada persona, cada familia, colectivo, comunidad o barrio.” (Vía: CNI)

Pareciera que esta declaración inicial se le olvidó a todos los que defendieron “la candidatura de Marichuy”. El ejercicio simbólico de esta otra “Otra Campaña” (como la del 2005 que iniciara el EZLN) fue algo a lo que no estamos acostumbrados en México: ni electoral ni políticamente. Y se notó.

Desde la organización del CNI, que no dependía de las declaraciones de Patricio sino de acuerdos tomados en conjunto por el CIG, hasta la plataforma política, surgida de una larga tradición política y comunal que no apuntaba hacia la solución de los problemas “nacionales”, sino para hacer visibles y resolver los comunales.

Incluso quienes la apoyaron por todo el país perdieron el “gran panorama”: no se trataba de hacer una campaña alrededor de una persona o siquiera con una sola meta. Se marchaba y se hacían reuniones y se tenía una campaña no para llegar a la boleta sino para ser vistos por medios internacionales y nacionales.

Era un movimiento que se sabía fracasada de origen. Fracasada, esto es, en cuanto a su objetivo “natural” como parte del sistema de la democracia representativa, pero victoriosa (como hasta cierto punto lo fue) en sus intenciones de protesta simbólica.

Comparaciones fallidas

Si bien buena parte de las comparaciones parten de la premisa de que el TEPJF avala una campaña tramposa frente a una honesta (pero que no reunió las firmas necesarias para aparecer en la boleta), el mero hecho de compararlas por ser, ambas, candidaturas independientes elimina las diferencias entre la clase política, a la que pertenece el Bronco, y las intensiones del CNI y Marichuy.

Esta campaña electoral estará plagada de denuncias e investigaciones (periodísticas, judiciales y electorales) que nos tendrán ocupados hasta mucho después del día de las elecciones. Por lo mismo, es necesario, desde hoy, reconocer los problemas y los límites de cada uno, porque, aunque sean lo mismo son muy, pero muy diferentes.

 Por Raúl Cruz V. @rcteseida