Ataques y señalamientos, ¿lo único rescatable del segundo debate por la CDMX?

Nuevamente, los ataques superaron a las propuestas en el segundo debate entre candidatos para gobernar la CDMX. Esta vez, la diferencia es que hubo una gran tensión entre Mikel Arriola y Alejandra Barrales, quienes compiten por el segundo lugar.

Esta vez, el formato del debate permitió al público realizar preguntas. Que más bien era un levantamiento de opiniones en redes para buscar una pregunta que se repitiera mucho, pero fue un ejercicio, al menos, interesante de ver pues representa una inquietud real del electorado presente en Internet.

Sin embargo, a los candidatos les valió la gran mayoría del tiempo esto, y en sus intervenciones mejor se dedicaron a aventarse paladas de tierra y lodo al mayoreo, entre las ganas de hacer enojar a Claudia Sheinbaum y de ensuciar más al otro entre Barrales y Arriola.

Los temas a discutir fueron el Desarrollo Social y Economía, posiblemente los dos temas que engloban los problemas más profundos de la capital mexicana… pero que fueron sumamente ignorados durante esas dos horas.

Por supuesto, la estrategia de todos fue la obvia: atacar a la puntera. Esta se defendió como pudo, o como quiso, siempre ignorando los ataques y sin perder nunca la calma, en una actitud hasta cierto punto prepotente de saberse de ante mano ganadora de esta contienda, incluso asegurando que AMLO será presidente de México.

Lo que sí, es que el pleito chido estuvo entre la candidata de Por México al Frente y el PRI. Estos dos están en una guerra de encuestadoras para adjudicarse el segundo lugar pase lo que pase.

Entre estos dos se recordaron varias veces muchas linduras. Barrales fue por la obvia al recordar el papel del PRI dentro de la CDMX y la política nacional, como el partido con más acusaciones e investigaciones por corrupción.

Mikel, por su parte, entró al ring con el guante del infortunio de los departamentos de Barrales repartidos en varios puntos de la ciudad y hasta uno en Miami. Habló específicamente de uno en Polanco, del que la candidata perredista respondió con un reto: si él lograba comprobar que ese departamento en Polanco le pertenece, ella renunciaba a su candidatura; de lo contrario, Mikel tendría que hacerlo… el priísta no contestó después de esto.

Sin embargo, el punto más tenso y rancio de todo el debate fue cuando se habló del sismo. Aquí, todos aprovecharon (hasta Lorena Osornio) para tundirle un poco a Sheinbaum, que había estado muy tranquila durante todo el show.

Sobre todo Barrales aprovechó el momento, pues se había reunido un día antes con padres del colegio Rébsamen, que colapsó el 19S. Presentó una grabación de un padre que perdió a su hija en el hecho, culpando directamente a la exdelegada de Tlalpan del derrumbe.

Sheinbaum se limitó a decir que esto era una estrategia vil, pues utilizar la tragedia como moneda proselitista le pareció bajo… a todos, en realidad, pero sobre todo a los moderadores, que no se cansaron en pedir un poco de congruencia con el ejercicio democrático y se dedicaran a hablar de sus propuestas.

Esa fue la constante durante dos horas. Los candidatos de PVEM, Panal, Partido Humanista e Independiente, buscaron dar un poco de salida a este discurso, pero tampoco pudieron salirse de él.

La vida política en México es de rencillas y es probable que la pueril forma política del debate en nuestro país sea la culpable de ver casi festivales de albures entre candidatos (como en 2000 entre los candidatos a presidentes).

Lo rescatable, por supuesto, es que el público se involucró y que se sigue haciendo presente el formato de debate para presentar propuestas (que finalmente no se presentan, pero se entiende la intención).

Por: Redacción PA.