¿El karma del intervencionismo? La relación entre Rusia y Trump

Cuando, a finales del año pasado, se hizo del conocimiento público que un grupo de hackers rusos, autorizados directamente por su presidente, Vladimir Putin, tuvieron una participación directa en la filtración de documentos internos del partido demócrata, parecía que ese sería toda la profundidad de la noticia: que Rusia estaba “probando las aguas”, que no se atrevería a más, aún cuando Donald Trump les pidiera “encontrar los mails” de Clinton (en referencia al escándalo sobre el uso de la candidata demócrata de un servidor privado para tratar asuntos de seguridad nacional).

Cuando estalló la noticia, el gobierno de Barack Obama decidió ejercer una serie de sanciones políticas y comerciales una vez que la comunidad de inteligencia estadounidense confirmó que Rusia estaba detrás de estas acciones. El gobierno de la Federación Rusa, contrario a lo que se esperaba, reaccionó con calma, simplemente negaron las acusaciones y, en un giro insospechado, invitaron a los principales diplomáticos estadounidenses en Rusia a una cena de navidad en el Kremlin (contrario a la expulsión de territorio estadounidense que haría la administración Obama). (Vía: Independent)

 

La reacción calmada del Kremlin -se ha venido enterando no sólo la prensa y el mundo, sino la misma inteligencia estadounidense-, viene de una larga lista de contactos, reuniones y negociaciones con el equipo cercano a Donald Trump: Michael Flynn (exasesor de Seguridad que renunció hace menos de un mes después de que estallara este mismo escándalo), el exjefe de campaña, Paul Manaford, Jeff Sessions, el actual Fiscal General, Rex Tillerson, secretario de Estado, y hasta, según investigaciones del FBI, su mismo yerno, Jared Kushner, tuvieron reuniones durante la campaña y durante la transición:

La junta, dos meses después, del sr. Kushner, el señor Flynn y el sr. Kislyak llegó en un momento más crucial, con Trump como presidente electo y la Casa Blanca de Obama preparándose para imponer sanciones a Rusia y hacer pública la acusación de que Moscú interfirió directamente con la elección. (Vía: New York Times)

Reuniones como la de Kushner, el yerno de Trump, Flynn, y el embajador ruso en los Estados Unidos ocurría prácticamente al mismo tiempo de que se hacía pública la relación entre Rusia y el hackeo al partido demócrata y la decisión de Obama de sancionar al Kremlin. La reacción sorpresiva de Putin, apuntan varios especialistas, se debió al consejo del embajador, al que llegó gracias a la información que Michael Flynn le proveyera: una vez que Trump tomara el poder, esas sanciones serían levantadas. (Vía: Vox)

La figura de Sergey Kislyak está en el centro de la gran mayoría de los escándalos de la Casa Blanca: Flynn, Sessions y Kurshner, las filtraciones sobre el “informe Steele”, en el que se informa (sin confirmación) que Rusia tiene información comprometedora sobre Trump y sobre las relaciones que mantiene todo su círculo interno con el Kremlin. (Vía: El País)

A lo largo de la semana, cuando el Washington Post publicó la historia de las reuniones entre Sessions y Kislyak, todo el gabinete de Trump salió en su defensa, pero al cabo de unas pocas horas (y tras la intensa presión de la opinión pública), quien todavía ejerce de Fiscal General, decidió separarse de la investigación, pues “confirmé con los abogados de ética del Departamento de Justicia y recomiendan que lo haga”; el anuncio fue hecho en una conferencia de prensa improvisada y hecha en el momento, y, con ella, Sessions quizá involuntariamente, generó un quiebre dentro del gabinete de Trump. (Vía: The Guardian)

Cada vez es más difícil para toda la Casa Blanca negar la profundidad de las relaciones entre su equipo y el de Vladimir Putin, más aún cuando ambos han tenido la misma forma de responder ante las acusaciones: “fake news” y una “cacería de brujas”, en lugar de aclararlas y hacer enmiendas.

 

Mientras que varios representantes de estados demócratas, como California y Nueva York están empezando los primeros pasos para deponer a Trump de la Casa Blanca, esta investigación sigue su curso. Como toque de ironía, en América Latina vemos con un poco de risa cómo la misma potencia que dominó la política local durante todo el siglo XX (derrocando gobiernos elegidos democráticamente, impactando las elecciones, armando y especializando a grupos paramilitares…) hoy se enfrente a otra potencia que ha cambiado el rostro de su país por años.

Publicidad