Una mujer tiene que demostrar una relación estable para exigir pensión alimenticia

Por todo el mundo, una serie de reveses judiciales han puesto en crisis los derechos y garantías que miles de mujeres habían ganado tras años de luchas. Lo vemos en Estados Unidos y la administración ultraconservadora de Donald Trump, que busca eliminar a organizaciones que luchan por la salud sexual y reproductiva de la mujer, o en Uruguay, uno de los pocos países latinoamericanos donde se ha legalizado el aborto, con una decisión judicial que permitiría a los progenitores obligar a las mujeres a cumplir el embarazo (aún cuando se trate de un encuentro casual). (Vía: El País)

Muchas de estas decisiones se han articulado a partir de “la defensa de la familia” o de “la salud de la mujer”, mientras que la última resulta una falacia evidente -pues los abortos que legalmente se están impidiendo ocurrirán en condiciones peligrosísimas para la vida de la mujer-, los argumentos que jueces y legisladores han tomado para “defender el núcleo familiar” han sido mucho más complejos y difíciles de evidenciar, pues, en buena medida, es cierto que esa pequeña comunidad conforma una base importante de la sociedad, hoy en día el término de “familia” es tan múltiple y variado, que reducirla legalmente al “prototipo” de la familia heterosexual, con padre y madre discrimina y precariza la vida cotidiana de las muchas otras formas de “ser familia”.

Los magistrados del Pleno de Circuito en Materia Civil de la Ciudad de México han determinado que, para que una mujer pueda “tener derecho” a solicitar pensión alimenticia o compensatoria al tener un hijo, tiene que “demostrar” que éste nació dentro de una “relación estable”. Si bien la determinación no impide que esta pensión sea solicitada para el hijo, sí pareciera tener en cuenta un sólo objetivo que, evidentemente, no puede decirse en voz alta: los hijos fuera del matrimonio y el derecho de las madres de éstos. (Vía: El Universal)

Esta decisión sólo aplicará en la Ciudad de México y podría verse revisada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) si algún otro tribunal estatal decide lo contrario al de la CDMX, pues entrarían en contradicción. Los jueces argumentan que su decisión no discrimina contra nadie, ya que la misma Constitución protege “la organización y el desarrollo de la familia”. El problema, de nuevo, es que, hoy, el término “familia” abarca un sinfín de organizaciones interpersonales que no responden ya a aquella a la que “protege” la Constitución. (Vía: Excélsior)

Pareciera que esta decisión judicial, más que “proteger” a la familia, busca estigmatizar, aún más, a las millones de madres solteras que, en números mayoritarios, viven bajo o cerca de la línea de pobreza en el país. Las leyes pueden ser un medio para ayudarnos a cambiar nuestra percepción del mundo: leyes incluyentes y progresivas permiten normalizar lo que había sido aislado y atacado: la comunidad LGBTTQI2A, los derechos de la mujer, los derechos ambientales e indígenas… sin embargo, las leyes también refuerzan estereotipos, juicios morales y discriminación cuando quienes las legislan y las discuten se niegan a reconocer los cambios que ocurren fuera de sus privilegios.