La princesa Mako de Japón se casará con plebeyo y renunciará a sus privilegios

¿A qué estarías dispuesto a renunciar por amor? Hay quien renuncia a un trabajo, algunos cambian de ciudad, hay quien por amor renuncia a otro amor. Es común hacer algún sacrificio por una relación, pero pocos, muy pocos, tienen que calcular las consecuencias políticas de su relaciones. Como ejemplo está la princesa Mako de Japón quien ha levantado revuelo político con su próximo matrimonio y que, además, tendrá que renunciar a ser princesa de un imperio.

Mako tiene 25 años, conoció a su futuro marido estudiando en la universidad. Pronto habrán de casarse y ya cuenta con el consentimiento de sus padres. Hasta ahí su vida no suena muy diferente a la cualquier otra mujer japonesa de su edad. Sin embargo, su vida amorosa se ha puesto al centro de un revuelo político.

Las leyes en Japón son sumamente estrictas con la realeza, máxime si son mujeres. País contradictorio donde la tecnología cambia mucho más rápido que las costumbres, Japón tiene una monarquía de un conservadurismo decimonónico que avisa de sus recorridos por Twitter.

El mismo emperador Akihito tuvo que pedir una reforma legal para poder heredar en vida su imperio. Abdicará el próximo año gracias al favor de los legisladores nipones. (Vía: El País)

Sin embargo, el caso de Mako es más puntilloso: tras su boda el próximo año, renunciará a ser parte de la familia real y se convertirá en una ciudadana más de Japón, con responsabilidades fiscales y derechos laborales; incluso podrá votar por primera vez en su vida. 

Su casamiento ha levantado cuestionamientos políticos pues la ley no es igualmente severa para hombres y mujeres. Mientras los hombres de la familia real japonesa pueden casarse con plebeyas sin mayores consecuencias, las mujeres pierden al instante todos sus privilegios reales. Casarse con un plebeyo las orilla a una vida común lejos de los reflectores y los privilegios.

La continuidad de la familia real japonesa está en apuros gracias a las propias leyes que buscan preservar su ‘realeza’. Por ley sólo pueden heredar hombres con padres de la misma familia real, pero las últimas generaciones no han sido pródigas en herederos. ¿No sería un buen momento para renovarse? (Vía: El País)