¿Las policías son las únicas responsables de la violencia? EPN y Chong así lo creen

El año 2016 ha sido uno de los más violentos no sólo durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, sino, incluso, en los diez años de “guerra contra el narco”: ciudades como Juárez o Tijuana, que habían registrado bajas en las estadísticas delictivas, este año han sufrido incrementos en el número de asesinatos, secuestros y extorsiones, y, por todo el país, el promedio diario de asesinatos se incrementó de 47 en 2015 a 57 en 2016. Una de las interpretaciones que desde el Ejecutivo se ha hecho del fenómeno es que se debe a la poca organización y preparación de las policías estatales y municipales, a que el Ejército no tiene la capacidad de cubrir todo el territorio nacional y, como siempre, a enfrentamientos entre “grupos delictivos” que “se disputan” plazas. (Vía: Animal Político)

En la 41 sesión pública del Consejo Nacional de Seguridad, Peña Nieto reconoció el retraso de los cuerpos policíacos, no sólo en cuanto su organización, sino en su equipamiento, entrenamiento y preparación profesional, “un sistema que data de los 80 y 90” que no ha podido no homologarse ni ser actualizado respecto a una estrategia de seguridad que, hasta el momento, sigue sin entenderse cuál es. (Vía: Milenio)

Desde el sexenio de Felipe Calderón, en 2010, se impulsó la aprobación de una reforma al sistema de policías del país: un mando único (estatal o nacional, se debatía entonces) que eliminara a las policías municipales y centralizara la toma de decisiones, todo con la intención de “impedir” que la corrupción siguiera rampante en el punto más bajo de la cadena policiaca. Aunque recibió muchas críticas de analistas, expertos en seguridad nacional y la sociedad civil, fue aplaudido por todos los gobernadores y enviado a las cámaras legislativas, pero ahí terminó su camino. (Vía: Expansión)

En la congeladora por años, la reforma volvió a aparecer después de la noche de Iguala, cuando el involucramiento de las policías de Iguala, Cocula y otros municipios circundantes fue innegable, pero apenas en julio de este año, la coordinación panista decidió rechazarla, en espera de “hablar con sus gobernadores electos”, pues las circunstancias de cada estado, decían, no son las mismas, por lo que un mando único tendría que atender esas diferencias, lo que no aparecía en la reforma. (Vía: Reforma)

Mientras que los altos mandos de las fuerzas armadas están exigiendo (ya no solicitando ni considerando ni solicitando) el regreso de la Marina y el Ejército a los cuarteles por el inevitable desgaste en la opinión pública y mientras exigen, también, un “marco jurídico” para definir sus funciones, el que la violencia en el país esté al alza exige una discusión abierta y profunda del vacío que ha dejado la incapacidad de las policías: si estos cuerpos son los “culpables” de esta violencia, si esta misma violencia “sólo” es producto de enfrentamientos entre “bandas criminales”, si la “estrategia” de seguridad, que no ha sido más que una continuación de la de Calderón de verdad son mecanismos funcionales para garantizar la seguridad, el bienestar y el valor de la vida de los ciudadanos.