Donar una pensión, ¿otro acto anticipado de campaña?

La semana pasada, en un acto de pura entrega humanitaria y pensando en nadie ni en nada más que el bienestar de los niños enfermos, el expresidente Felipe Calderón donó su pensión mensual de 200 mil pesos a la fundación Aquí Nadie se Rinde. Claro, el medio millar de escoltas, los bonos y aguinaldos, los pagos de servicios, renta, las prestaciones que lo colocan como el expresidente más caro del mundo siguen en su posesión y no hay señal alguna de que eso vaya a cambiar en algún momento. (Vía: Aristegui Noticias)

El gesto de Calderón, donar y no regresar al erario, no puede leerse como otra cosa que un acto en apoyo a la construcción de la candidatura por el PAN de su esposa y exprimera dama, Margarita Zavala. Calderón, como “iniciador” de la “guerra contra el narco” tiene una imagen que arreglar y un costo político que podría poner en riesgo las aspiraciones presidenciales de su esposa; así, donar 200 mil pesos mensuales a una fundación (y a una “apolítica”, alejada de los costos humanitarios de su guerra) podría ser leído como un acto desinteresado. Pero no hay nada más alejado.

En una carta a la fundación, que es más una carta abierta para demostrar su bonhomía, Calderón utiliza un lenguaje peculiar: él es sólo un trabajador más que ha logrado encontrar un medio para proveer a su familia y, dado que siempre ha sido un hombre de valores, no necesita de ese dinero. Como apunta Ernesto Villanueva, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, los privilegios y apoyos que recibe la familia Calderón Zavala, y que ascienden a casi 5 millones de pesos al mes, no se mencionan, ni que fue el mismo Calderón el que, en el último día de su administración, el 30 de noviembre de 2012, cambió el reglamento para quitar candados sobre el número de escoltas, pagos y acceso al Hospital Central Militar (el centro médico más avanzado del país):

“Los ex Presidentes de la República tenemos una pensión de retiro. Se trata de una medida que permite que quien ocupe el cargo de Presidente de México, pueda tomar decisiones con toda libertad sin preocuparse por su futuro […]. Sin embargo, mucha gente la considera injustificada dada la terrible situación del país y de millones de familias. En lo personal la he recibido porque nunca robé ni tenía otro ingreso distinto al de servidor público y la necesitaba. Afortunadamente, ahora he tenido la oportunidad de dar conferencias y realizar otras actividades que me generan ingreso. Yo espero que mi trabajo como conferencista me permita sostener a mi familia y así seguir apoyando a las niñas y niños con cáncer a través de esta admirable institución”. (Vía: Sin Embargo)

 

Si bien, oficialmente, la campaña presidencial para el 2018 todavía no empieza, los actos de campaña que “no lo son” han aparecido por todo el país: la gira constante de Andrés Manuel López Obrador, la centralidad en medios de Jaime Rodríguez, “El Bronco”, los conflictos internos (que se han vuelto visibles) dentro del PRI, el muy publicitado informe de gobierno de Rafael Moreno Valle, exgobernador de Puebla, y, por supuesto, la serie de “pláticas” y “reuniones” a las que Margarita Zavala ha asistido, sin que, por nada de lo anterior, el Instituto Nacional Electoral haya amonestado a alguien.

Ésta será la primera vez que una exprimera dama compita por la presidencia, con el apoyo completo de su marido (que incluyen sus escoltas del Estado Mayor Presidencial y cada traslado pagado por el erario federal), ¿no hay espacio aquí para preguntar sobre si, dentro de nuestro sistema democrático, Zavala está con alguna especie de ventaja injusta?

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