Paro Internacional de Mujeres: una protesta internacional en construcción

Conforme incrementan el número, la brutalidad y la frecuencia de los feminicidios por toda América Latina; conforme las leyes antiaborto se tornan cada vez más agresivas y, al hacerlo, aseguran la muerte de miles de mujeres de bajos recursos; conforme cada vez más y más acosadores sexuales y acusados de ataques están siendo premiados mundialmente y están llegando a lugares de poder por todo el mundo, la resistencia de millones de mujeres se ha convertido en acción directa: un paro nacional, marchas, pintas, tendederos, canales de redes, campañas en redes y resistencia pacífica se han convertido en una constante que no depende sólo de un sólo grupo ni de las activistas de un solo país.

En 1975, Islandia vivió una situación que sólo había ocurrido en una comedia griega: la gran mayoría de las mujeres hicieron una huelga y salieron a las calles para visibilizar la importancia de su participación en la vida cotidiana. No sólo fue no asistir a sus trabajos, sino dejar de laborar por completo: el cuidado del hogar y de los hijos, sus “deberes” de género también fueron parte de la huelga. Ese viernes todo paró y 25 mil mujeres marcharon por la capital islandesa -tomando en cuenta que la población de la isla no llegaba a los 215 mil habitantes, los números son impresionantes. Al año siguiente, el parlamento aprobó leyes para garantizar la igualdad de derechos y, cuatro años después, las ciudadanas islandesas lograron elegir a la primer presidenta electa de la historia, Vigdís Finnbogadóttir. (Vía: BBC)

El éxito de la marcha islandesa ha servido de ejemplo en múltiples ocasiones. En momentos como éste, en el que se vive un retroceso constante en los derechos ganados (no “concedidos”), la organización de marchas masivas y de acciones directas que requieren una población que tome las calles han tomado inspiración de la marcha de Reikjavik, pero también se han ido alimentando de los ejemplos de otras activistas y de otros feminismos: las miles de mujeres que han marchado en Polonia contra las leyes que criminalizan el aborto; las miles de mujeres que, por toda Latinoamérica han exigido #NiUnaMenos tras el alza estadística de los feminicidios y de la “celebridad” de casos que reúnen todo lo terrible de estas noticias; los millones que marcharon tras la toma de posesión de Donald Trump y las campañas internacionales por hacer evidente la mutilación genital femenina o los matrimonios infantiles… Cada uno de estos ejemplos dialoga con los anteriores (o es obligado a hacerlo, como recordó la crítica a la “Women’s March” del 20 de enero en Washington).

Por esto, el Paro Internacional de Mujeres que se está organizando a nivel internacional para este 8 de marzo responde y, literalmente, dialoga con el resto del mundo a través de páginas, redes, podcast y organización. Decir que, originalmente, fue una propuesta de las activistas estadounidenses sería, en primera, cancelar la organización local de miles de ciudades y de millones de mujeres que año con año han tomado el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, para hacer evidente todos los graves problemas que enfrentan. (Vía: International Woman’s Strike)

Eventos masivos como éste exigen a quienes los organizan, a quienes participan en ellos y (deberían de exigir de) quienes los critican entender, por ejemplo, que hay quienes no podrían participar: por la urgencia de sus propias labores, por su condición física o la precariedad laboral en la que trabajan. Esta vez, el #8M se ha construido a partir, también, de esas otras posibilidades, y enlistan una serie de acciones que podrían realizarse: desde un paro parcial hasta “pequeñas” acciones, como “boicotear a misóginos locales” o empresas que utilicen propaganda misógina, o tan personales como una huelga de sexo, en un guiño claro a Lisístrata, la comedia de Aristófanes que gira alrededor de unas mujeres que hacen una huelga de sexo como protesta contra la guerra. (Vía: parodemujeres.com)

El Paro Internacional de Mujeres es una oportunidad no sólo de visibilizar los graves problemas que, año con año, siguen siendo una “tarea pendiente” para la sociedad completa, sino, también, una forma de organizar la protesta fuera y contrasentido de muchos discursos que, hoy, siguen siendo abiertamente misóginos, que se defienden de la crítica por considerar que “su opinión es igual de válida” y quienes se siguen negando a reconocer los privilegios que gozan y los costos que esos mismos privilegios ejercen en la vida cotidiana de millones.

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