¿La ordeña es la única responsable del desabasto de gasolina?

En 2010, antes de que amaneciera, el pueblo de San Martín Texmelucan, Pue., despertó en medio de una explosión masiva que cobró la vida de 29 personas, dejó 52 heridos y, se reportó en diferentes medios y por diversos testimonios, hizo correr ríos de fuego por las calles y el río del pueblo. Las investigaciones oficiales apuntaron hacia un culpable: la ordeña de un oleoducto que corría a través del pueblo y que, según esos mismos reportes, había sido “parchado” ese año poco más de 60 veces. (Vía: El Financiero)

En diciembre del 2016, cuando apenas estaba rumorándose el posible  incremento de los precios de la gasolina y las noticias del desabasto en más de diez estados del país estaba colocándose en la agenda nacional, el director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), José Antonio González Anaya, dio una entrevista a Carlos Loret de Mola en su programa Despierta. Evidentemente nervioso y poco preparado, González Anaya no terminaba de apuntar a diversos “culpables” tanto del desabasto como del posible incremento a las gasolinas, en medio de sus trastabilleos dio con algo que parecía mitad improvisación, mitad planeado: la extracción ilegal de combustibles y petróleo en los miles de kilómetros de oleoductos.

Utilizar la ordeña como justificación del desabasto de combustible en más de un tercio del territorio nacional no sólo es un argumento tramposo, sino que, al mismo tiempo, minimiza el problema del desabasto y simplifica a niveles absurdos la grave crisis de la extracción ilegal.

La ordeña alcanzaba, para 2014, problemas mayúsculos para la paraestatal: no sólo se extraían 10 mil barriles de petróleo al día (que se pasaban de contrabando a Estados Unidos y ahí eran vendidos a refinerías texanas por alrededor de 5 mil millones de dólares), sino que se presumía que trabajadores de Pemex podrían estar involucrados, pues la logística de estas operaciones parecía planificada “quirúrgicamente”: qué ductos transportan qué productos, cómo “pinchar” las tuberías, cómo parcharlas, en qué horarios… Para 2016 hay cerca de 4 mil puntos de extracción, por más que la petrolera detecte y cierre un punto, pronto aparece otro a metros del anterior, como lo demostró la tragedia de San Martín Texmelucan. (Vía: Vice News)

La ordeña está fuertemente vinculada con los cárteles: dependiendo de la región del país -hay ductos por todo el territorio nacional-, son o los Zetas, el Cartel del Golfo, el Jalisco Nueva Generación, el de Sinaloa… los que, cual empresarios “legítimos”, diversifican su “portafolio de inversiones” y, ya sea mediante la fuerza o la extorsión, operan estas grandes redes de poder sobre la extracción. En zonas completas del país (como Tamaulipas, por ejemplo), las actividades diarias de los trabajadores de Pemex tienen que ser apoyadas logística y operativamente por el Ejército mexicano, pues no sólo es la violencia entre cárteles la que amenaza su seguridad, sino, también, la posibilidad de “toparse” con una ordeña activa. En estas zonas, la ordeña no se da exclusivamente en medio de la nada, se han dado casos en los que los operadores de los cárteles entran sin resistencia alguna a las instalaciones de Pemex (a sus tanques, depósitos o distribuidoras) y las vacían, sin que haya ningún sospechoso. (Vía: El Financiero)

Las declaraciones del director de Pemex pronto fueron contrastadas por Loret de Mola: si “siempre” ha existido el problema de la ordeña, por qué ahora, justo ahora, está ocurriendo un desabasto mayor en casi la mitad del país; la respuesta de Jiménez Anaya no llegó nunca.

La paraestatal nunca ha reportado, más allá de los millones de litros de combustible y crudo robados, el costo que le representa ese problema, como tampoco se ha reportado alguna estrategia para frenar o disuadir la ordeña más allá del patrullaje del Ejército por las “instalaciones estratégicas”. En buena medida, la respuesta de las autoridades a un problema sistémico es semejante a la que se ha utilizado para “enfrentar” el “problema” del narcotráfico: más que analizar las causas sociales y confrontar la corrupción de las altas jerarquías que permiten (por acción u omisión) que los grupos delictivos sigan operando impunemente, lo que se ha hecho es lanzar al ejército y a las fuerzas armadas a vigilar, enfrentar y, las más de las veces, “abatir” (ejecutar extrajudicialmente) bandas que no son las únicas, que no frena a otras, que no cancela ni elimina el problema de fondo.

Frente a la inminente privatización de buena parte de las instalaciones de Petróleos Mexicanos, Suroosh Alvi, fundador de Vice y quien hizo el reportaje sobre la ordeña en 2014, apuntaba algo que o se le ha “escapado” al gobierno federal, o ha querido no verlo: no importa de quién sean los ductos, pues la ordeña seguirá ocurriendo, y, muy probablemente, otra tragedia como la de San Martín Texmelucan también podría ocurrir en cualquier momento. (Vía: Vice News)

¿La forma de enfrentar el problema, según el actual director de Pemex? Pedirle “encarecidamente” a la sociedad que deje de perforar los ductos…

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