Obama en su último discurso al Ejército: “La razón hace la fuerza, no al revés”

Fue el último discurso de Barack Obama a las fuerzas militares. En medio del torbellino al que nos ha acostumbrado Donald Trump entre las nominaciones a su gabinete, sus tuits y sus conflictos de interés, la figura de Barack Obama había quedado a la sombra de quien lo sucederá a partir del 20 de enero, sin embargo, el discurso que acaba de dirigir a un grupo de las Fuerzas Especiales quizá sea una de las más duras críticas que ha lanzado al presidente electo.

Centrado en contraterrorismo, el discurso completo de Obama fue una crítica constante a las acciones, comentarios y “sugerencias” que ha hecho Donald Trump desde que fuera declarado presidente electo el 9 de noviembre. Trató, en un principio, de resumir el trabajo que han hecho las fuerzas armadas estadounidenses en su campaña en Irak y Afganistán (incluido el retiro total de las tropas terrestres en el primero y el repliegue estratégico en el segundo), y el giro de políticas de la “guerra contra el terror” a una serie de “acciones contraterroristas” que han buscado, entre otras cosas, cerrar el centro de detención en Guantánamo, Cuba, utilizar con mayor precisión los ataques de drones para “minimizar pérdidas civiles” e, incluido como parte de una campaña contra el terrorismo, la inversiones para el desarrollo sustentable alrededor del mundo, pues, en palabras de Obama, “un dólar gastado para el desarrollo de comunidades, son muchos más que no se gastan en la guerra”.

El tema completo del gasto militar y la utilización del ejército durante los dos términos del gobierno de Obama son, cuanto menos, un tema complejo: en 2008, el originario de Hawaii lanzó su campaña para la presidencia desde la propuesta de repensar la función del ejército en todos los ámbitos de la vida cotidiana estadounidense, reducir el gasto del aparato militar-industrial, cerrar el centro de detención en Guantánamo y salir de Irak. A ocho años, muy pocas de esas promesas se cumplieron y, algunas, fueron contradichas por las políticas que se hicieran desde la Secretaría de Defensa.

Sí se salió de Irak, pero fue la misma presencia del ejército estadounidense desde marzo del 2003 la que dio origen a organizaciones terroristas como ISIS, que, tras la salida del ejército en 2011 y de algunos procesos de rebeliones en la zona, llevaron al país (y a la región completa) a una crisis de la que todavía no se recupera. La cárcel de Guantánamo se ha convertido en un problema serio de derechos humanos para el gobierno estadounidense, sin embargo aún no se ha llegado al acuerdo entre las diversas fuerzas políticas para cerrarla (aunque, como lo apuntó Obama en su discurso, el número de presos  se ha reducido en casi 75% de cuando tomara el poder).  Los ataques con drones también son un tema delicado para la presidencia de Obama, con números de bajas civiles difíciles de confirmar, pero que pueden ir desde varios cientos hasta miles no sólo en los países ya mencionados, sino también en Pakistán, Siria, Libia y Líbano. Sin embargo, como apuntan varios de sus críticos, las más de las veces, las decisiones para tratar la política exterior durante su gobierno han sido apostar por la diplomacia o la negociación, incluso contra ciertas reglas “no escritas” dentro de la tradición política estadounidense. (Vía: The Atlantic) En el discurso, remarcó que con la cooperación y el acercamiento con todos los países “no se pierde nada, y hemos ganado mucho”, en una insinuación al reinicio de las relaciones diplomáticas con Cuba, el acuerdo nuclear con Irán y la cooperación con otros países que, probablemente una vez que entre Donald Trump a la casa Blanca, volverán a ser considerados enemigos de los Estados Unidos. (Vía: The Guardian)

Lo más interesante del discurso de esta tarde no fueron las menciones a ciertos datos que podrían ser discutidos cuando se haga un balance de la administración de Obama, lo más importante fue que éste fue dirigido no hacia quienes lo escuchaban en Tampa, ni en el livestream, el discurso de esta tarde fue pensado exclusivamente para el equipo de transición de Donald Trump y para el mismo presidente electo: fue la advertencia de que no sólo quienes se manifestaron en las calles una vez que fue declarada la victoria del neoyorkino, sino que todo un país (y el mundo a partir de las decisiones que ese país tome) estará en manos de alguien que no está preparado para el papel.

Más que ir enlistando las críticas no tan veladas de Obama hacia Trump (que fueron desde los “errores” diplomáticos de la semana pasada, hasta el discurso de odio que sigue utilizando contra la población musulmana), lo que hay que apuntar aquí es que Obama remarcara al ejército, directamente al ejército, que no sus acciones no dependen, y no pueden depender, de las decisiones “intestinales” de una sola persona. Una “grieta” en la legislación estadounidense permite que el presidente dirija ataques contra cualquier país sin declarar la guerra ni pasar por la aprobación del Congreso, y Obama se comprometió a promulgar una orden ejecutiva que obligue a cerrar esta brecha.

El presidente saliente insistió, también, en que la “idea de los Estados Unidos” se fundó en la lucha constante de y por “la libertad”, y que esa libertad ha sido producto de conflictos constantes contra “quienes creen que no todos la merecen”, como un un guiño obvio a la lucha por los Derechos Civiles y el símil que se podría hacer entre ésta y la vida cotidiana que podrían tener los musulmanes-estadounidenses si las promesas de campaña de Donald Trump son llevadas a cabo. Que Estados Unidos ha sido un país que no ha luchado nunca contra ninguna religión y que, al contrario, ha buscado constantemente la defensa de la libertad de sus ciudadanos de creer en lo que deseen, y que las libertades que garantiza su constitución son los valores fundamentales de la democracia estadounidense: decir en lo que se crea y criticar a la autoridad sin temer repercusiones, y que ese es un país fundado en la esperanza y no en el miedo. (Vía: whitehouse.gov)

De nuevo, éste, que fue el último discurso que dirigiera a las fuerzas armadas, no fue un discurso para los que estaban sentados en Tampa, sino una declaratoria contra las políticas más terribles de quien, a partir del 20 de enero de 2017 será el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Este discurso fue, también, un llamamiento a los opositores de Trump para no caer ni en la desesperación ni el cinismo y que la vigilancia constante de quienes están en el poder es el precio de su libertad. Porque, van quedando cada vez menos dudas, la presidencia de Donald Trump será un reto constante para la democracia y las libertades de los estadounidenses.