La esclavitud en EE.UU. alimentó y fue impulsada por los bancos neoyorkinos

En una economía conectada, cada elemento dentro de ella se beneficia del trabajo de otros y el capital se mueve no sólo a través de dinero, sino de “promesas” (como los pagarés o las hipotecas), de bienes y servicios o de movimientos financieros que, aunque invisibles, afectan la forma como nos relacionamos con el sistema económico completo (el precio del petróleo o las tasas de interés, por ejemplo, alteran cuánto vale el trabajo que realizamos).

En una economía interconectada, también, cada uno de sus elementos tendría que hacerse responsable de los impactos sociales, culturales y políticos de esa misma cadena. No sólo se trata de hacer “compras responsables”, sino de hacer responsables a quienes tienen un mayor peso (y una mayor ganancia) dentro de ese mismo sistema.

Cuando proveedores locales de aceite de palma, cacao o vegetales son acusados de, sistemáticamente, explotar a sus trabajadores, forzar a trabajar a niños -ya sea por aprovecharse de presiones sociales o al ejercer presiones económicas- o generar un impacto ambiental que no puede ser obviado, quienes compran esos productos tendrían que ser los primeras en hacerse responsables, más cuando son empresas multimillonarias como Kellogg’s, Unilever, Coca-Cola o Procter & Gamble. (Vía: Amnistía Internacional)

Algo semejante ocurrió a mediados del siglo XIX en el Estados Unidos anterior a la Guerra Civil. Compañías bursátiles del Norte (particularmente en Nueva York y Boston) vendían pólizas de seguro para los esclavos que “realizaban trabajos riesgosos” como la minería, el trabajo en molinos y barcos y en la construcción de ferrocarriles; una de esas empresas, Nautilus Mutual Life Insurance Company, hoy conocida como New York Life y, hoy, una de las principales compañías aseguradoras en el mundo, incrementó su presencia en el sur de los Estados Unidos a partir de productos como estas pólizas. (Vía: New York Times)

Una serie de leyes que han sido aprobadas en los últimos años, obligó a empresas como New York Life, AIG y otras aseguradoras a hacer públicos sus registros de este tipo de seguros y, gracias al trabajo de colectivos que buscan rearticular la memoria, y exigir respuestas, por y de la esclavitud, es que está existiendo, en los Estados Unidos, una discusión sobre cómo grupos financieros en Wall Street movían y prestaban dinero a esclavistas y, por tanto, seguían beneficiándose de la esclavitud, a pesar de que el estado de Nueva York la aboliera desde 1827.

Aún hoy siguen apareciendo descendientes directos de estos esclavos “asegurados”, y son ellos los que han construido preguntas pertinentes sobre el pasado de estas empresas, en cuyos registros aparecen sólo nombres (sin preocupación por apellido o familia) y muerte o fuga y el pago dado no a sus deudos, sino a su dueño. (Vía: New York Times)

El trabajo esclavo fue la base económica del incipiente poderío estadounidense: el algodón (que sembraban, cuidaban y recolectaban esclavos) era exportado a los telares industriales de Manchester, en el Reino Unido; el carbón (extraído con un altísimo costo en vidas humanas) alimentaba las redes ferroviarias que permitieron la victoria del Norte cuando estalló la Guerra Civil; el azúcar y el tabaco, por su altísima producción en los campos de las Carolinas, Florida y Virginia, dejaron de ser artículos de lujo y se convirtieron en una industria pujante comandada por los grandes hacendados sureños.

Las técnicas aprendidas por una industria tan grande fueron aplicadas luego a Latinoamérica cuando se produjo hule y fruta en cantidades industriales; y en África y Asia, hoy, cuando la producción de cacao, café, y aceite de palma alimentan un mercado multimillonario que ha invisibilizado el trabajo esclavo. (Vía: The Guardian)

Ya lo comentábamos, la esclavitud moderna incluso en México, tiene deudas pendientes con quienes explota, y, todos, tenemos lecciones que aprender sobre la lucha que, a diario, desde hace doscientos años, hicieron y siguen haciendo quienes no son valorados como seres humanos: son fuerza laboral, son una póliza de seguro, una cuota que cubrir.