Si se construye el muro fronterizo, costaría 25 mmdd y se terminaría hasta 2020

Al parecer esta no fue una buena semana para las promesas (amenazas, para el resto del mundo) de campaña del presidente Trump. El jueves, un comité de apelaciones vetó definitivamente la orden ejecutiva que impuso un bloqueo a siete países mayoritariamente musulmanes y hoy, una filtración del Departamento de Seguridad Nacional hizo llegar a la agencia de noticias Reuters un comunicado interno en el que se estimaba que el muro fronterizo que ha prometido por casi dos años -y que ha tensado las relaciones diplomáticas con nuestro país- podría costar entre 21 y 25 mil millones de dólares y podría terminar de construirse, en el mejor de los casos, hasta el último año de su gobierno, el 2020. (Vía: Reuters)

Si bien la promesa/amenaza de la construcción del muro es una nota que le ha ganado cientos de titulares y que, incluso como esta nota lo está dejando claro, es el centro de una conversación constante (quizá por lo fácil que es armar metáforas alrededor de su política exterior o de su propia personalidad), la ineficacia de una medida tan cara, compleja y meramente mediática ha sido demostrada una y otra vez por especialistas en migración, por miembros de equipos policiales antinarcóticos y el sentido común. Con otros temas más preocupantes en la agenda binacional (o que podrían impactar al país de forma indirecta) como la “renegociación” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte o la cancelación del Acuerdo Trans-Pacífico, aquí estamos, hablando del muro.

En realidad, ya hay una serie de muros, vallas y vados separando ciertas secciones de la larga frontera entre México y los Estados Unidos. En zonas urbanas o que fueron diagnosticados como de “alto tráfico” migrante, como la zona de Juárez-El Paso, Tijuana-San Diego, los Laredos… varias kilómetros de “muro” separan a los dos países desde que se comenzaran a construir bajo la administración de Bill Clinton, a mediados de la década de los 90 y que, tras el ataque del 11 de septiembre y con el miedo generalizado en la población estadounidense, aprovechó en 2004 el presidente George W. Bush para ampliar (con el voto aprobatorio de los senadores Barack Obama y Hillary Clinton, por cierto). En los 8 años de Obama ese sistema de barreras también fue ampliado, aunque a menos velocidad. (Vía: Hufftington Post)

Durante la campaña presidencial, Trump iba variando el presupuesto por el muro: de 4 mil millones hasta 12, sin embargo, este memorándum duplica el costo. Esto, según el mismo reporte, es por incrementar la seguridad de ciertas secciones, además de que, en ciertas partes, sería necesario comparar el terreno donde se construirá -contrario a la legislación mexicana, en el que el territorio inmediato a la frontera es federal, en EE.UU. es propiedad privada-, trazar y construir la infraestructura necesaria para hacer llegar el material, la maquinaria y la mano de obra… Además, varios acuerdos firmados entre el gobierno de México y el de Estados Unidos prohíben a cualquiera de los dos construir cualquier estructura que impida o bloquee el curso natural del río Bravo, por lo que en ciertas regiones, el muro tendría que construirse hacia dentro del territorio estadounidense, dejando “zonas de nadie” entre el río y la barrera. (Vía: Last Week Tonight)

Sin duda, el muro fue una estrategia de campaña exitosa: la gente coreaba “¡Construye ese muro!” a cada momento en los rallies, incluso, la imagen de un simpatizante de Trump disfrazado de muro (vestido en un traje de cuerpo completo blanco con un muro dibujado sobre él) se hizo viral. Sin embargo, como han demostrado las tres semanas de su presidencia, no importa lo irrealizable, ilegal o imposible de sus promesas estará empeñado en cumplirlas, aunque su popularidad siga disminuyendo, aunque su aprobación por sus constituyentes siga en picada.

No hay que saber mucho de historia para saber que los muros no duran mucho ni sirven para lo que son diseñados, pero sí son una imperdible cicatriz simbólica. Hoy, en medio de Berlín y después de 26 años de haber sido derribado, una ciudad reunificada sigue luchando por ser una sola. La frontera mexico-estadounidense ha sido el espacio donde miles han muerto (y donde miles siguen ahí, sus cuerpos, perdidos pero no olvidados), pero también es un espacio donde muchas culturas han aprendido de otra; un muro, una serie de cercas con vigilancia infrarroja, podría ser una herida que no sanará pronto.

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