Encuentro internacional de murales: el trabajo colectivo en las Normales Rurales

Después de que se promulgó la constitución, de que las diferentes facciones que pelearon en la Revolución fueron encontrando un espacio dentro de la institucionalización (o fueron por completo excluidas de ella); después de que la calma empezó a llegar a un país que por casi diez años vivió en guerra constante, el gobierno de Álvaro Obregón comenzó un proceso complejo —que seguimos analizando hoy en día— para legitimar su posición en el poder, para “unir” a un país dividido y lleno de heridas vivas. Con José Vasconcelos a la cabeza, la recién inaugurada Secretaría de Educación Pública fue reuniendo bajo su manto a escritores, músicos, etnógrafos, sociólogos, pintores, coreógrafos… la intención: conformar la “identidad mexicana” a partir del arte, de su representación escrita, musical, pictórica y teórica. Los murales que, hoy, adornan muchos de los edificios novohispanos en los Centros Históricos del país, canciones que son consideradas “clásicos” nacionales, bailes “regionales”, novelas de la Revolución e incluso platillos “típicos” fueron colocados en el centro (cuando no creados de cero) de un diálogo desde el centro de poder sobre qué conformaba ser mexicano. (Vía: Debrosie, Figuras en el Trópico…)

A cien años de haberse firmado la Constitución, y en medio de otra guerra lanzada desde el gobierno federal contra “el narcotráfico”, pero que, conforme han pasado diez años, casi doscientos mil muertos, treinta mil desaparecidos y un número desconocido de desplazados, resulta claro que esta “guerra” no fue contra una forma de mercado, sino contra un sector completo de la sociedad. Tras diez años de guerra, hoy, ser mexicano no es una pregunta que pueda responderse desde el centro del poder: ni desde la ciudad, ni desde el Estado, ni desde los mecanismos de representación que lo legitiman. Hoy, la respuesta a esa pregunta viene desde la organización social: en los márgenes (porque han sido marginados), desde lo colectivo (porque han sido fragmentados), desde el diálogo y el encuentro con el rostro de otros que tampoco se saben representados por ese ser mexicano.

Muchas formas de responder se han dado desde la educación y la formación de nuevos maestros: las Normales rurales, desde su formación en el sexenio de Lázaro Cárdenas, han sido epicentro de discusiones y acciones. Constantemente cercadas económicamente por recortes presupuestales o literalmente por las fuerzas armadas o los cuerpos policiales, lo ocurrido el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Gro., fue otro episodio (quizá el más brutal) de un ataque sistémico contra la existencia misma de estas instituciones. Golpeadas por todos los flancos, la Noche de Iguala ha sido una amenaza constante para todas las Normales rurales del país, pero eso no ha significado su renuncia a la acción directa, a la formación de más maestros, al trabajo horizontal y colectivo.

En la localidad de Tenería-Tenancingo, Estado de México, la Normal Rural Lázaro Cárdenas del Río organizó su primer encuentro internacional de muralistas: la idea, reunir en su espacio a cuantos artistas acudieran al llamado para cubrir sus paredes y, a partir del mural, revalorizar el espacio colectivo de la Normal, el valor político y social de una institución que, hoy más que nunca, es urgente. Del 28 de enero al 3 de febrero de este año, alrededor de 50 artistas mexicanos y de otras naciones trabajaron obras sobre el tema “Movimientos sociales y culturales en Latinoamérica”.

Además de los murales y el trabajo comunitario, el colectivo Ninakupenda, responsable en parte de la organización del encuentro, organizó, también, una serie de talleres de técnicas de arte. Una de las intenciones de este primer encuentro, también, es construir lazos profundos entre comunidades internacionales y continuar anualmente el trabajo en diferentes Normales rurales.

Hace 90 años, de la voz del Secretario de Educación Pública salió una orden para cubrir los principales edificios administrativos de la recién inaugurada democracia con murales, y los nombres de quienes los plasmaron quedaron en la memoria colectiva para siempre: Diego Rivera, Edmundo O’Gorman, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo… radicales políticamente, sus obras reflejaron las deudas que iban sumándose a un gobierno que pronto olvidó su lazo con la justicia social. Hoy, después de diez años y frente a un gobierno que ha hecho mucho por aislarse y quedar fuera de la población, los murales regresan para recordarnos que México es muchas respuestas y se nutre de muchos, de todos.

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