Muros, tuits y bloqueos: Netanyahu y la relación México-EE.UU.

En una semana cargada de noticias sobre el quiebre de (o el daño a) las relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos a partir de la firma, el miércoles, de la orden ejecutiva que incrementaba la vigilancia policial-militar de la frontera y autorizaba la construcción del muro fronterizo; la cancelación de Peña Nieto de la visita pensada para el día de hoy a Washington y los comentarios de Trump sobre la decisión “mutua” de “posponerla”; los golpes a la economía nacional y el apoyo internacional a México frente estas políticas… Además de todo esto y en medio de un fin de semana repleto de protestas contra el bloqueo de refugiados musulmanes por otra orden ejecutiva del presidente Trump, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pensó que era una buena idea (o algo) lanzar un tuit en su cuenta personal en el que apoya la propuesta del muro. En el mundo Trump, las declaraciones por esta red social son política, así que ésta desencadenó una crisis diplomática que nos permite unir lo ocurrido el miércoles con el bloqueo a los refugiados que ocurrió el viernes.

La reacción dentro de Israel fue inmediata: desde Ministros hasta la maquinaria diplomática israelí, condenaron el tuit, pues, además de que deja clara la posición del primer ministro frente a Trump, abre un frente que nadie esperaba contra México y América Latina completa. Contrario a lo que se podría pensar sobre un personaje tan mediático como el primer ministro israelí, apenas 29% de la población aprueba su mandato, y declaraciones como la publicada, además de la “defensa” con la que argumentó que la prensa “tergiversó” sus palabras no ayudan a un régimen que, para cuando sean las elecciones de 2018, habrá durado poco más de 10 años en el poder. (Vía: Nana.com.il)

Tras el veto de la ONU a la construcción de asentamientos israelíes en tierra palestina (de cuyo voto se abstuvo Estados Unidos y que, una vez pasado a la Asamblea General, México votó a favor), el grupo en el poder en Israel ha defendido y aplaudido cada una de las acciones del gobierno de Donald Trump; el tuit del sábado no “viene de la nada”, sino que forma parte de una lógica de racialización y segregación que el primer ministro israelí lleva aplicando desde que iniciara su mandato (y que aprendiera de Ariel Sharon, recientemente fallecido), y que la camarilla de Trump ha comenzado a aplicar casi como un plagio: aislar, señalar e impedimentar el tránsito en los territorios palestinos a los mismos palestinos ha sido una política “de seguridad”, tal como las acciones realizadas el viernes contra ciudadanos y residentes legales en los Estados Unidos. (Vía: The Guardian)

La relación que guardan, dentro del imaginario de estos dos personajes, la figura del “musulmán” y el “mexicano” terminan siendo bastante similares: ambos son sospechosos, son, por tanto, una amenaza constante y tienen que ser o vigilados o bloqueados de entrar al territorio nacional. Importa lo que ocurre en el conflicto Israel-Palestina no sólo porque las injusticias sistémicas que ha sufrido el pueblo palestino son (en buena medida) un reflejo extremo de lo que sufren nuestros connacionales al cruzar la frontera (y lo que sufren miles de centroamericanos al cruzar el país, eso no podemos dejar de señalarlo), sino también por la respuesta que, desde el discurso oficial, se lanza cada que se critica el actuar del gobierno israelí: para Netanyahu y la derecha extrema que representa, Israel es el pueblo judío, e Israel es Benjamin Netanyahu y quienes dictan sus políticas internas. No hay mucha distancia entre cómo piensa el primer ministro y cómo lo hace Donald Trump (o quien le dicta qué pensar). (Vía: Independent)

En conferencia de prensa, para responder sobre su tuit, el primer ministro negó que en algún momento haya mencionado a México o al conflicto fronterizo entre él y  Estados Unidos, que la mención del muro sólo fue un ejemplo del muro que hace años construyó Israel en su frontera con Egipto para frenar la migración norafricana y los muros que tienen cercado al territorio palestino de Gaza y el Banco Oriental. Pero “no mencionarlo” habla igual de fuerte, si no es que aún más, que haberlo hecho: el conflicto que estalló el miércoles para el gobierno de Trump y que volvió a hacerlo el viernes son parte de uno mismo, y no es tanto la forma como los migrantes entrarán a territorios “vedados”, sino la deshumanización de quienes se ven forzados a migrar: los exiliados por razones políticas o económicas, por violencia, por hambre, por ser perseguidos o porque no pueden vivir a diario bajo el temor de que ese día sea su último.

La lucha que la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU) ha lanzado contra Trump forma parte de la misma que, en México, tiene el padre Solalinde y las Patronas y los Hermanos del Camino, y Amnistía Internacional en la Franja de Gaza: el derecho a ser reconocido humano.

Publicidad