Meryl Streep: un discurso para denunciar el odio

Si hay una esfera de las élites a la que Donald Trump no ha accedido, por más que lo ha intentado, esa es Hollywood. Las celebridades del cine estadounidense se convirtieron pronto en la campaña presidencial de 2016, en voces de peso dentro de la esfera política: sus comentarios, tuits y campañas que organizaron para llamar al voto, para denunciar el racismo, la misoginia y xenofobia de Trump fueron, durante poco más de un año y medio, una constante dentro de los medios.

Acostumbrado a llamar la atención de la peor manera, Trump parecía inmune a los ataques de periódicos, intelectuales, críticos y medios, pero cuando las críticas venían de Hollywood, la cuenta de Twitter de Trump escupía comentarios cada vez más violentos, cada vez menos articulados sobre tal programa “con muy pocos espectadores”, tal actor “engrandecido”, tal actriz “con ningún talento”. Ni siquiera cuando estalló en medios el escándalo por su audio de 2008 en los que presumía de atacar sexualmente a “quien quisiera”, la defensa de Trump fue tan agitada como cuando Alec Baldwin aceptó personificarlo para el programa Saturday Night Live.

El domingo pasado, Meryl Streep pronunció un discurso en el que supo exactamente dónde y cómo atacar al ahora presidente electo: no mencionó nunca su nombre, no giró alrededor de temas y críticas frente a los que ya se ha defendido en tantas otras ocasiones. Streep, casi sin voz, apuntó al momento, en las votaciones primarias, en el que Trump imitó, de forma burlona y degradante, a un reportero con discapacidad: una “actuación”, la calificó, efectiva, porque llegó justamente a quienes estaba dirigida, porque causó gracia y arrancó de raíz acuerdos tácitos sobre respeto y empatía; una “actuación” que, dijo la actriz con más nominaciones al Óscar de la historia, se le quedó “enganchada al corazón”, pues sabía que era apenas un anuncio de todo lo que iba a venir, y no dejó nunca de llamar “actuación” a ese momento en la campaña de Trump y, por metonimia, a toda la campaña del ahora presidente electo. (Vía: Hufftington Post)

El discurso de Meryl Streep es una pieza hermosa de reconocimiento a la diversidad que conforma una industria que se consideraba a sí misma poderosa y portadora de una voz que se escuchaba fuerte a lo largo y ancho no sólo dentro de Estados Unidos, sino que era el estandarte a nivel mundial de su país. Más allá de la respuesta visceral de Donald Trump (que no merece otra lectura más que la ira que lo caracteriza en la red social), lo que las elecciones del 2016 le enseñó a la cúpula hollywoodense fue, justamente, la lejanía que guarda, política, ideológica y -sobra decir- económicamente, con los votantes estadounidenses: con esa gente que aplaude las palabras de Trump, no importando qué incoherentes, agresivas o racistas fueran. (Vía: The Guardian)

En otras ocasiones, el apoyo de las celebridades, o la falta de tal, podía costarle las elecciones a un candidato; en otras ocasiones, la crítica tan fuerte que, desde las principales plataformas estadounidenses, se ha alzado contra Trump hubiera enterrado cualquier ambición política, pero ésta ya no es una de esas otras ocasiones: todo ha cambiado, la forma como se hace y cómo se piensa la política no depende ni de datos ni de “buenas intenciones”, sino de afectos, de emociones viscerales como las que alimentan a una cuenta de Twitter que suelta sus ataques más fuertes entre 2 y 6 de la madrugada, que tarda veinte minutos en “continuar” un tuit…

 

Si algo ha movido el discurso de Streep, posiblemente, es la urgencia de esa misma élite conformada por tan diversos elementos (tan poco equitativamente reconocidos, remunerados o celebrados, también hay que aceptarlo) de reconocer que las reglas con las que ejercían acción política ya no puede quedarse en sus decisiones artísticas o en discursos, que uno de sus eternos exiliados será, a partir del 20 de enero, quien dirija uno de los países más poderosos del mundo y que depende de ellos el ser el estandarte de la normalización del odio, o una voz de resistencia que es escuche en todos los rincones del mundo.