Sorpresa: los silbatos no pararon la violencia de género

A principios de este año, la CDMX se enfrentó a una ola de visibilización de agresiones y acoso sexual contra varias mujeres, el caso que se convirtió en estandarte de esto fue el ataque que sufrió Andrea Noel, periodista de VICE News, en las calles de la Condesa.

Las denuncias no eran nuevas: 8 de cada 10 mujeres han sido violentadas en los espacios públicos, lo que cambió la forma de entender estas agresiones fue su viralización en las redes sociales. Por esto, el 24 de abril de este año, miles de mujeres marcharon en la Ciudad de México y otras 25 ciudades del país para visibilizar la violencia de género y exigir una respuesta de las autoridades.

El gobierno de Miguel Ángel Mancera, casi inmediatamente, lanzó la “Estrategia 30-100”, un “conjunto de acciones de impacto inmediato para prevenir, atender y sancionar la violencia hacia las mujeres en el transporte y los espacios públicos” que comprendía medidas como los desafortunados silbatos (los “pitos de Mancera”), una app, “ViveSeguraCDMX”, y una campaña publicitaria que centraba su atención en la necesidad de las víctimas de denunciar el acoso y la violencia, #PorTiPorTodas. (Vía: INMUJERES)

A cien días de haber sido lanzada, el Observatorio de Seguimiento de la Estrategia 30-100 (conformado por asociaciones civiles feministas y el Instituto de las Mujeres de la CDMX) reporta que la estrategia completa ha fallado, pues no se basó en un análisis detallado de la ciudad, de los sistemas y programas ya existentes ni de los mecanismos de violencia que se reproducen en el espacio público de la ciudad. (Vía: Equis: Justicia para las mujeres)

Propuestas como los “pitos de Mancera” fueron insuficientes desde su planeación: en una ciudad de 9 millones de habitantes tan sólo se ofrecieron 115 mil, de los que se entregaron solamente 20 mil. Para poder recibir uno, había que presentar credencial de elector (lo que deja fuera a menores de edad y personas sin ciudadanía mexicana, como migrantes) y un correo electrónico válido (en una ciudad donde el internet no cubre ni al 70% de la población), además, cuando una mujer hacía sonar un “pito”, no había protocolos para que la policía actuara. La app sólo registraba denuncias, pero no procesó ningún caso. (Vía: Animal político)

La estrategia completa está centrada en la victimización: son las víctimas de acoso y violencia las que tienen que denunciar para que se “pueda” hacer algo. Sin embargo, como fue evidente en el caso de Andrea Noel, “hacer algo” implicó un Ministerio Público que no supo cómo procesar el crimen, junto con las miles de amenazas de violación y muerte que recibiera en las semanas que se viralizó su ataque.

Otro de los elementos de la estrategia que el Observatorio llama a prestar atención es a la separación del transporte público: los vagones y secciones del Metro, Metrobús y otros medios de transporte, dice, son más un debate constante sobre su efectividad, que medidas que de verdad enfrenten la violencia de género.