Los crímenes contra la humanidad de Duterte

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“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.”

Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

No es nuevo que personajes de la política evoquen constantemente y se comparen con figuras del pasado, este es un recurso utilizado sobre todo por líderes carismáticos y demagogos, quienes no son más que una farsa, una caricatura de esos personajes que invocan. Rodrigo Duterte,  presidente de Filipinas, no es la excepción, ya que en un ejercicio de demagogia pura, comparó su lucha contra el narcotráfico y el consumo de drogas con el holocausto perpetrado por la Alemania Nazi, al mismo tiempo que enalteció la figura de Adolf Hitler con el fin de compararse con él.

En efecto, el régimen de Duterte ejemplifica el peligro que corren las democracias frente a los populismos (de derecha o de izquierda), los cuales  a través de la demagogia y a la apelación a cuestiones emocionales de las masas, proponen soluciones a problemas a través de políticas irrealizables, inviables o simplemente descabelladas. La política de Duterte contra las drogas tiene esas características, no tiene sentido, no busca solucionar el problema de fondo, tiene más bien la finalidad de posicionar y enaltecer su propia imagen de “hombre fuerte”, de hacer culto a su propia personalidad, es decir, de alimentar su megalomanía evocando prácticas propias del fascismo más rancio.

Pero, ¿cuáles son esas políticas contra el tráfico y consumo de drogas? Básicamente Duterte presupone que tanto los traficantes como los consumidores son criminales de alto riesgo, por lo que deben ser combatidos con todo el peso de las fuerzas públicas. Dicha estrategia de seguridad fue propuesta durante su campaña a la presidencia. En ella, afirmó que dejaría de lado las leyes en derechos humanos para buscar eliminar al narcotráfico y al crimen organizado, y así fue: al tomar el poder el presidente filipino dio instrucciones a sus fuerzas de seguridad de literalmente matar a cualquier narcotraficante o criminal sea culpable o simplemente sospechoso.

A poco más de tres meses de la implementación de esa política de terror, encubierta como política de seguridad, se han registrado más de 1900 muertos a manos de las fuerzas de seguridad, la mayoría de estas han sido ejecuciones extrajudiciales, son personas a las que no se les ha probado culpabilidad alguna en un juicio y que son ejecutadas simplemente por ser sospechosas -otra coincidencia con las prácticas del fascismo-. Pero esto no es todo, a pesar de las protestas en el país, Duterte no ha reculado sus políticas de “mano dura”, todo lo contrario, ha declarado que la meta de su gobierno es que sus “escuadrones de la muerte” abatan a 100, 000 criminales (Vía: BBC).

Todo esto ha producido reacciones en la comunidad internacional, el gobierno de Estados Unidos señaló su preocupación por la política de combate al crimen organizado emprendida por Duterte, la cual ha resultado en un elevado número de ejecuciones extrajudiciales. A esta condena se han sumado varias organizaciones de Derechos Humanos las cuales han exigido al gobierno filipino parar sus políticas de terror y rendir cuentas por las violaciones graves y sistemáticas a los derechos humanos de gran parte de la población. La ONU por su parte amenazó con que, de no cesar sus políticas de violencia, sacaría a Filipinas de la organización.

Asimismo el senador Leila de Lima  llamó a la comunidad internacional a iniciar una investigación contra el gobierno filipino por “crímenes contra la humanidad”, debido a que los escuadrones de la muerte operan como fuerzas con atributos extrajudiciales que les permiten abatir personas con total impunidad y sin haber comprobado delito alguno. El senador de Lima se ha convertido en el principal opositor del gobierno de Duterte, esto ha provocado que su vida corra peligro a causa de amenazas y presiones del gobierno (Vía: The Guardian).

Duterte por su parte ha roto relaciones tanto económicas como políticas con Estados Unidos, país del que Filipinas había sido aliado por décadas, para empezar a fortalecer las relaciones bilaterales con China, país con el que ha tenido fuertes disputas territoriales en el Mar del Sur. En una reunión en Beijing el pasado 20 de octubre, el presidente filipino firmó tratados comerciales y de seguridad con el gigante asiático, cambiando así toda la balanza geopolítica de la región y debilitando la influencia norteamericana en el sureste asiático (Vía: El País).

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