Lorenzo Servitje: las fronteras (inexistentes) entre las empresas, la religión y la política

La madrugada de hoy, varios medios y el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón, confirmaron la muerte, a los 98 años, de Lorenzo Servitje, fundador del grupo Bimbo y figura central -aunque oculta- de la derecha y el conservadurismo mexicano. Católico devoto, cercano a la Arquidiócesis Primada de México y, por tanto, a la ortodoxia del cardenal Norberto Rivera, el peso económico y político de la empresa que dirigió por décadas fue determinante para conflictos tan diversos como la difusión de los casos de pederastia de Marcial Maciel, la campaña contra la candidatura de López Obrador en el 2006 o la respuesta contra la legalización de los matrimonios igualitarios en el (entonces) Distrito Federal en 2009. (Vía: Sin Embargo)

Hay historias, bien pocas, de un empresario que, empezando con muy poco, logra construir un imperio global: Bill Gates, Steve Jobs y la familia Servitje. Narrativas “heroicas” (esos  empresarios “visionarios” que emprendieron contra un mercado cerrado y lograron triunfar) legitiman todo un sistema que da la apariencia de igualdad: todo mundo podría ser como ellos, todo mundo podría llegar a conseguir lo que ellos tienen si se tiene la “visión”, la “iniciativa”, o (como lo llamó el presidente de la Fundación Azteca, Ricardo Salinas Pliego) el “talento”… Por otro lado, esas mismas historias de “éxito” proyectan una sombra sobre el poder y los mecanismos que fuerzan esos mismos individuos para mantener su poder, para utilizarlo políticamente. La figura de Lorenzo Servitje, la radicalización de su discurso y su operación político-empresarial, son un ejemplo claro de que los límites entre las creencias personales y la imposición de éstas en las políticas públicas no son muy claros.

Lorenzo se retiró de la presidencia de Grupo Bimbo en 1993 y, a partir de eso se inclinó hacia la política, o, más bien, hacia problemáticas sociales que tenían un impacto político. Creó la fundación “A Favor de lo Mejor”, que lanzó una fuerte campaña contra lo que era percibido ellos como “contenido dañino” en la televisión abierta: los “talk shows”, las escenas “eróticas” en las telenovelas o la violencia en los dibujos animados. Al mismo tiempo, escribió Salvador Frausto Crotte en su semblanza del fundador de Bimbo:

“Servitje estuvo en contra de ciertas expresiones artísticas, de la promoción del condón, de la educación sexual en las escuelas primarias, del aborto, de las marchas gay”. (Vía: Fraustro Crotte, Los amos de México)

Quizá el momento en el que fue más evidente su ortodoxia católica sería el conflicto con el, entonces independiente, Canal 40. El noticiario estelar, conducido por Ciro Gómez Leyva, había anunciado en mayo de 1997, una serie de entrevistas a ex seminaristas de los Legionarios de Cristo como parte de una noticia más amplia: el abuso sexual del que fueron víctimas por parte de Marcial Maciel, el fundador de la orden, y la serie de mecanismos que ésta misma utilizara por décadas para ocultarlo. Los hermanos Servitje (porque, en ese entonces, el hermano menor de Lorenzo, Roberto, era el director de Bimbo) anunciaron que “rechazaban” las acusaciones y el medio por el que fueron hechas, por lo que retiraban sus pagos de publicidad y, con Bimbo, le dieron la espalda a Canal 40 varias empresas más y, con ellos, casi un millón de dólares en publicidad, lo que terminó de sellar el destino de la televisora. (Vía: Sin Embargo)

Grupo Bimbo es, hoy, la segunda empresa panificadora del mundo: cubre más de cien marcas y se distribuye en más de 20 países. La transnacional ha sido acusada en varias ocasiones de prácticas monopólicas o de usar su poder económico (y político) para revertir decisiones legislativas, como el impuesto que, desde 2014, se aplica en México y que, año tras año, ha ido reduciéndose… Según revistas como Forbes, Bimbo tiene en su poder cerca del 92% del mercado panificador en México, y la empresa está buscando acrecentarlo aún más al enfocar a las panaderías locales, o a través de comprar o “asimilar” otras empresas. (Vía: El Universal)

Lorenzo Servitje utilizó los últimos 23 años de su vida para imponer, a través del poder de su empresa, su  forma de ver, entender y representar su imagen del mundo: una en la que la homosexualidad es un pecado, el cuerpo humano una vergüenza y la oposición política un problema moral (y una clara amenaza económica).

En una sociedad como la actual, que va visibilizando con mayor urgencia su diversidad, en la que los derechos de miles están siendo frecuentemente violados, y sus cuerpos violentados y sus vidas precarizadas, las últimas declaraciones de Lorenzo sobre la impopularidad de Enrique Peña Nieto (“Nuestro Presidente está en su peor momento. Tan bajo reconocimiento social es muy peligroso, no podemos aceptar esto […] [Debemos] respaldar abiertamente al Presidente que está en una situación que todos conocemos”) y las de su hermano, Roberto, sobre la desaparición de los 43 de Ayotzinapa (“Hay inconformidad de algunos grupos que no han podido ubicarse y aprovechan cualquier cosa, como esto de Ayotzinapa, que es muy triste porque se le ha dado una dimensión que no tiene. Y se están aprovechando.”) no sólo nos exigen encontrar mecanismos para oponernos, sino para desarticularlos. (Vía: Sin Embargo)

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