Entre rechazo y amenazas de muerte: la vida de una lesbiana musulmana

Aunque ha sido humillada, golpeada y rechazada, Zayna no culpa al Corán sino a sus interpretes; tampoco piensa rechazar su fe o su preferencia sexual: Zayna vive con orgullo ser lesbiana y musulmana.

La historia fue contada por el Manchester Evening News y ha llamado la atención de propios y extraños en el Reino Unido. Zayna vive en Inglaterra, donde puede vivir y expresar con mayor libertad su sexualidad. Sin embargo, así como en Inglaterra para muchos puede ser motivo de rechazo xenofóbico su religión y su apariencia, en su país natal, Pakistán, su sexualidad fue motivo de amenazas y sufrimiento.

“Para Zayna, la intolerancia está en los intérpretes del Corán, no en el libro sagrado”.

Mientras estudiaba el doctorado, Zayna fue objeto de rechazo que, eventualmente, la orilló a abandonar la universidad. En algún momento de sus estudios, fue señalada como una ‘influencia peligrosa’ y fue obligada por las autoridades universitarias a dejar la escuela.

Cuando autoridades y colegas descubrieron que ella era lesbiana, se le amenazó con enfrentar cargos judiciales, pues en Pakistán la homosexualidad es ilegal. Aunque no se le persiga con la misma virulencia que en otros países de la zona, en Pakistán la homosexualidad está tipificada como un delito que puede llevar a la cárcel y el ostracismo.

Zanya prefirió guardar el anonimato durante su entrevista con medios ingleses

Ya sea en Europa o en Asia, no pocos se han atrevido a opinar y decirle a Zayna que no se puede ser lesbiana y musulmana, aseveración que ella niega de forma tajante. Para Zayna, la intolerancia está en los intérpretes del Corán, no en el libro sagrado. (Vía: Manchester Evening News)

“Nací siendo musulmana y quiero morir siendo musulmana. Pero si alguien quiere matarme, ¿entonces qué? ¿Sólo porque soy lesbiana?”

Tras darse cuenta a los trece años de que era lesbiana, la vida de Zanya ha sido una constante lucha para mantener el equilibrio entre su religión y su vida. Por ejemplo su familia, que describe como compuesta por gente tolerante y cariñosa (celebrar la Navidad con amigos cristianos es un gesto progresista en Pakistán), no fue capaz de aceptar que su hija prefería a las mujeres.

Tras abandonar su doctorado en Química por las presiones de las autoridades, Zanya decidió emigrar hacia Inglaterra, pero antes tuvo que pasar una larga temporada donde debía equilibrar tres trabajos mal pagados con una sola comida al día, con tal de poder ahorrar lo suficiente para su exilio.

Ahora en Inglaterra goza de una estabilidad que difícilmente hubiera conseguido en Pakistán

Aunque en Inglaterra pudo vivir abiertamente su sexualidad y parcialmente su religión, dice no haberse olvidado de las penurias que debió sortear en su país natal. A pesar de que no tiene motivos para volver a Pakistán (sus padres están muertos y ella fue hija única) Zanya asegura que le gustaría apoyar a la comunidad LGBT de Pakistán.

Muchos homosexuales en Pakistán viven una libertad relativa y engañosa. En el caso de la homosexualidad masculina, por ejemplo, los pakistaníes no ven con malos ojos que dos hombres se abracen en la calle o caminen tomados de la mano. Pero esto se debe a que el contacto físico no es censurado con el mismo encono con el que se censuran las relaciones sexuales homosexuales.

“En Pakistán las relaciones homosexuales son delito, pero aún así dos hombres pueden caminar tomados de la mano”.

Incluso, hay casos de homosexuales hombres paquistaníes que afirman llevar una vida más feliz en Pakistán que en Occidente, donde la sombra del racismo puede volver imposibles sus vidas. (Vía: Bio Bio Chile)

Igualmente es común que homosexuales en Pakistán lleven una doble vida donde la sociedad los obliga a vivir como heterosexuales que aman a otros hombres solo clandestinamente. Sin embargo, en un país donde las mujeres son marginalizadas, las lesbianas deben sortear otra clase de barreras mucho más tenaces. (Vía: SDP Noticias)

Por lo pronto, Zanya tiene un trabajo estable en Inglaterra, roza los 40 con tranquilidad económica y pertenece a un grupo de activistas LGBT. Aunque su final parece agradable, lo cierto es que aún más deseable hubiera sido que esa misma estabilidad la hubiera encontrado en Pakistán donde debía llevar una doble vida para sobrevivir.

 

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