Vivir de la basura: los zabaleen

Después de procesar la basura de El Cairo por más de 50 años, algo amenaza su subsistencia

La comunidad de cristianos coptos llamados “zabbaleen” (término despectivo en su origen que significa “hombres basura”) lleva décadas recolectando los desechos que se producen en la capital egipcia. Su asentamiento más grande está en el pueblo de Mokattam, a las afueras de El Cairo, lugar de cuevas conocido también como “Ciudad basura”.

Los zabbaleen o zabba se volvieron expertos en el procesamiento de desechos en los años setenta, cuando comenzaron a recolectar de forma gratuita y puerta por puerta, la basura producida en el Cairo con la finalidad de reciclarla. Luego empezaron a cobrar sus servicios y en 2004 el gobierno de Hosni Mubarak intentó concesionar el trabajo de recolección a empresas multinacionales que fracasaron en el intento. 

Actualmente 65 mil miembros de la comunidad zabbaleen recogen el 60% de los residuos de El Cairo, unas nueve toneladas diarias, y reciclan el 85% de lo que recolectan; esto los hace más eficientes que cualquier empresa occidental encargada del procesamiento de la basura. (Vía The Guardian/Reuters).

La separación de los desechos se hace a mano; se separa el cartón, los residuos orgánicos y los textiles. Todo lo que no es comprimido, derretido o pulverizado es composta, la cual se usa para la crianza de cerdos, que es la segunda actividad económica de esta localidad.

Los cristianos coptos son una minoría religiosa en Egipto; no obstante la “ciudad basura” es un espacio donde no son marginados y donde su modo de vida es valorado social y económicamente.

En los últimos años el gobierno de Egipto ha incentivado la oficialización de los zabbaleen como procesadores de basura; se les ha dotado a cientos de vehículos y uniformes.

No es de extrañar este renovado interés, pues en un mundo donde la apuesta por el reciclaje y los materiales biodegradables va en aumento, ser “pepenador” zabbaleen es un negocio próspero; no obstante, no se ha hecho nada para garantizar su estabilidad económica en el futuro, sobre todo ante inversores privados y extranjeros que comienzan a poner atención sobre el negocio de la basura. 

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