Incluyendo México, o cuando la ultraderecha se viste de organización civil

Las formas como nos relacionamos con “lo público” están determinadas por nuestra ideología, por nuestro contexto social, por la forma misma como entendemos “lo político” y “lo público”. Todo lo que hacemos, entonces, es político, nos demos cuenta o no de ello: cuando exigimos una cierta forma de educación para los más jóvenes, cuando exigimos respeto a lo que creemos o a cómo creemos que debe de ser la sociedad estamos haciendo política. El trabajo que realizan las organizaciones civiles también es uno que construye política, a veces contra la ideología dominante, a veces impulsándola a ir más allá; el caso de Incluyendo México, A.C., una organización poco conocida, pero central dentro de la ultraderecha mexicana es, esta vez, el centro de esta nota.

Por todo el país, y desde hace más de 20 años, la “guía” de la política económica es la reducción del Estado: lo vemos en todo, desde la infraestructura hasta la violencia; desde la constante reducción de los presupuestos a la educación y al desarrollo, hasta la eliminación -en la práctica- de toda regulación para proteger el medio ambiente o la economía familiar de millones o los derechos laborales. Frente a un Estado que ha renunciado, las organizaciones civiles (en muchas ocasiones fundadas por grandes capitales) han paliado su ausencia: proveen educación, tratamientos médicos, programas de empleo y de vivienda que benefician a comunidades enteras pero que, al hacerlo, también privatizan un deber del gobierno y legitiman las dinámicas económicas que, en primera instancia, generaron el vacío desde el que fue “necesario” que aparecieran. (Vía: Lorey, State of Insecurity)

En 2015, el secretario de Educación de Guerrero pensó que, al firmar con la organización Incluyendo México, A.C. un acuerdo para brindar cursos formativos para padres, niños y maestros, podría paliar faltas que, por una serie de recortes presupuestales, le eran imposibles cubrir a la secretaría. Hizo falta que esos cursos se aplicaran, para que Salvador Martínez della Rocca, entonces secretario de Educación de Guerrero, y su equipo de trabajo descubrieran que dichos cursos era propaganda pro-vida, con un abierto lenguaje anti LGBTTTQIA. (Vía: El País)

Incluyendo México, A.C. es la cuarta asociación civil que recauda más recursos de “benefactores” privados, así como de “ciertas empresas”, como el grupo CARSO, la cadena de tiendas Coppel y Fundación Azteca. Se presenta en su página oficial como una organización que “trabaja desde hace diez años con pasión y compromiso por el desarrollo integral de la persona y la familia, a través del impulso de proyectos de educación, salud y desarrollo regional” (Vía: incluyendomexico.org.mx), por toda la página, los guiños son constantes a una forma de interpretar la familia, a una forma de interpretar la relación con el Estado, a una forma de educar y de entender la “diversidad” que anuncian desde su video promocional.

 

 

 

Fundada y aún presidida por Vicente Segu Marcos, Incluyamos México solicitó su creación como Asociación Civil apenas un mes después de que el gobierno de la Ciudad de México legalizara el aborto. Segu Marcos es visto, dentro de los círculos provida del país y de Hispanoamérica, como un “ferviente orador” que “contribuyó a promover y lograr la modificación de la Constitución mexicana para establecer el derecho a la vida desde la concepción. 18 estados han enmendado sus constituciones en los últimos años”, como fue presentado en el Congreso Mundial de las Familias, celebrado en Madrid en el 2012. (Vía: El País)

La carga que cientos de organizaciones católicas (con vínculos políticos y económicos declarados con las diócesis, o que operan independientemente a ellas) han lanzado contra los derechos reproductivos, contra el matrimonio igualitario y contra cualquier otra reforma social que implique la ampliación de los derechos de las minorías, cobró forma “real”, visible, con las manifestaciones que en septiembre del año pasado fueron organizadas por el “Frente Nacional por la Familia y la “Red Familia”, de la que Segu Marcos fue presidente hasta 2005. Si bien la labor del presidente de Incluyamos México nunca ha sido tan mediático como el que el cardenal Norberto Rivera impulsara (y por el que generara un conflicto con el Vaticano a finales del 2016), Segu ha sido cercano al cardenal de Tlanepantla y amigo cercano de Enrique Peña Nieto, Carlos Aguiar Retes, un personaje más “acorde” al perfil del papa Francisco, pero no menos conservador que el actual primado de México.

La mera cercanía de Incluyamos México con la Iglesia no debería de ser algo por lo que deberíamos de preocuparnos, al fin y al cabo, también hay obispos, cardenales, órdenes religiosas y misioneros que luchan todos los días por defender los derechos de las comunidades indígenas, de los migrantes, que denuncian constantemente la violencia y los abusos de poder que el Estado (federal y local) ejercen contra los más necesitados… Sin embargo hay una diferencia enorme entre ese trabajo y lo que Aguiar Retes y Segu Marcos impulsan: una familia, formada de acuerdo a una forma de entender el mundo, según el mandato de una jerarquía religiosa; hacer que la política sea regida, pues, no por el César, sino por ellos. En las propias palabras del presidente de Incluyendo México:

“Trabajamos con las iglesias porque tienen proyectos transexenales. La Iglesia católica ha trabajado en esa zona desde hace 400 años y estarán trabajando allí otros 400” (Vía: El País)