Guerrero: ¿el experimento para un estado militarizado?

El día de ayer, 28 de diciembre, el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, lanzó una declaración que no sólo resulta problemática, sino abiertamente peligrosa. En una reunión “interinstitucional” junto con el secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos, Astudillo dijo: “Sin duda, Guerrero estando en una situación como la hemos vivido, sin la ayuda de ustedes sería muy complicado hasta gobernar”. (Vía: Milenio)

En los últimos meses del año, la violencia en todo el país se ha incrementado: desde robos hasta asesinatos registraron alzas que, en algunos lugares, no se veían desde los momentos más sangrientos de la guerra calderonista en 2010 o 2011. Muchos municipios de Guerrero forman parte de esas estadísticas: Chilapa, Chilpancingo, Acapulco, Iguala, Coyuca de Benítez y Zihuatanejo forman parte de un operativo a nivel nacional para “responder” frente a la violencia (aparentemente, utilizando las mismas estrategias que se aplican desde 2006).

Si, en verdad, la función policiaca del Ejército y la Marina sólo es una medida extraordinaria, no se explica que las autoridades civiles estén cediéndole espacio y poderes, que estén haciéndolos necesarios para “gobernar”. Este espacio cedido no sólo es una metáfora, literalmente el gobernador cedió su espacio en la reunión en Chilapa: sentado a la derecha del general, el poder civil pareciera (o, más bien, según el protocolo debe leerse como) accesorio al poder del Secretario, las fuerzas armadas, que hace unas semanas declaraban su urgencia por regresar a los cuarteles, ahora están tomando posesión de su papel dentro de la “gobernabilidad” de un estado “sumido en el caos”.

 

Las declaraciones de Astudillo se dieron en la ciudad de Chilapa, en la zona centro del estado, cercana a Iguala y Chilpancingo (ambas, con cuarteles militares permanentes), aún así, anunció, además, que el próximo año iniciará la construcción de un cuartel militar en esa ciudad. El Ejército ya controla el Centro de Control, Mando, Comunicaciones y Cómputo (C4) de la ciudad de Acapulco, el de la capital, Chilpancingo, y varios titulares de Seguridad Pública municipales son miembros en activo o retirados de las fuerzas armadas. (Vía: Animal Político)

La presencia del Ejército no sólo está en el “resguardo” de la seguridad pública en el estado, sino que, también, según reporta Proceso, en el ejercicio del presupuesto estatal: el gobierno del estado está involucrado en una compra-venta de armas y pertrechos al Ejército. Una compra de poco menos de 20 millones de pesos en “materiales de seguridad” y “equipo de defensa y seguridad”, de los que no se entregó ni la tercera parte de los insumos adquiridos y no se sabe el destino de casi 9 millones de pesos. (Vía: Proceso)

La historia del estado de Guerrero pasa, siempre, por el ejército: desde la “guerra sucia” contra las guerrillas en los años 70, pasando por la masacre de Aguas Blancas en 1995 y los normalistas desaparecidos en Iguala hace 27 meses. Cuando los atropellos que ha cometido una institución son tan constantes que se han vuelto un crimen sistémico contra la población guerrerense, ¿para quién está gobernando Héctor Astudillo? ¿Para un estado militarizado o para una población aplastada?

Publicidad