Gendarmería Nacional: cero efectividad, sin un plan y sin transparencia

Cuando inició la campaña presidencial del 2012, era más que evidente que la estrategia del calderonato para “enfrentar” a la delincuencia organizada no estaba funcionando e, incluso, desde entonces, académicos y activistas denunciaban que la entrada del ejército a las ciudades disparaba los asesinatos y enfrentamientos. Ningún candidato que quisiera ganar la presidencia hubiera apostado por mantener el régimen militarizado de Calderón, y Enrique Peña Nieto quería ganar, así que, sin definir cómo ni con qué medios, prometió en campaña “otra estrategia” que podría incluir un cuerpo especial de la Policía Federal que, en un momento de iluminación decidió nombrar “Gendarmería Nacional”:

“Yo estoy proponiendo la creación de una… como se denomine es lo de menos, pero partamos de la idea que sea una Gendarmería nacional, precisamente con el apoyo de los militares que prestan esta laboral de seguridad pública” (Vía: Sin Embargo)

 

Pasaron dos años y la dichosa “Gendarmería” no aparecía y la estrategia de enfrentar al narcotráfico con la presencia cada vez aplastante del Ejército. Pero ocurrió la noche de Iguala e iniciaron las investigaciones sobre Apatzingán, Tlatlaya y sobre la inacción de cuerpos completos del ejército frente al secuestro masivo de migrantes en estados como Veracruz, Tamaulipas y Guerrero.

La Gendarmería entró en operación, oficialmente, el 22 de agosto de 2014, con una ceremonia oficial y el abanderamiento de sus primeras unidades. Sin embargo no había una partida presupuestal, un plan de acción ni los “detalles” técnicos sobre su función policíaca dentro de la estrategia (si es que ha habido alguna en estos diez años) de la “guerra contra el narco”. (Vía: Animal Político)

La Auditoría Superior de la Federación (ASF), tras revisar los informes, datos y gastos de la Gendarmería Nacional, no da ninguna noticia buena respecto a la actuación del que iba a ser el cuerpo “estelar” de la administración de Enrique Peña Nieto. Pensada para ser un vínculo entre los distintos grupos de seguridad pública y ejercer como una policía militarizada que remplazara al ejército en la labor de enfrentar a los grupos armados del narcotráfico, hoy, según la ASF, ha cumplido 0% de sus metas planteadas desde 2013: de 10 mil operativos que tenía planteados, se han realizado 75, y de ninguno de estos hubo seguimiento ni entrega de resultados, por lo que no hay forma de saber si fueron efectivos o no. (Vía: Sin Embargo)

Hoy, la Gendarmería se encuentra desplegada en 14 estados de la república, sólo dos de éstos han sido catalogados como “peligrosos” o con altos índices de violencia y criminalidad. De esos estados, la mitad registraron una reducción en sus índices de violencia, pero en la otra mitad se dispararon, por lo que tampoco hay forma de saber si la presencia de la séptima división de la Policía Federal ha sido efectiva en algo.

La Gendarmería responde a la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) y ésta, a su vez, a la Secretaría de Gobernación (SeGob). En 2013, cuando comenzara el papeleo para crearla, tanto la CNS y SeGob decidieron que todos los documentos de su formación (entre ellos, los estatutos legales y sus limitaciones de ejercicio de la fuerza pública, por ejemplo) serían “clasificados” por los siguientes cinco años, ya que “se encontraba en etapa de planeación, revisión, análisis e integración”. Es decir, hasta que el gobierno de Enrique Peña Nieto esté a meses de terminar, será que la sociedad podría consultar la información y los planes tras los que se gestó la que iba a ser la “nueva” Policía Federal, pero que terminó como otro ramo de la misma -como le ocurriera a la Agencia Federal de Investigación, conformada por Vicente Fox. (Vía: Animal Político)

Con la Ley de Seguridad Interior aprobada por comisiones en San Lázaro y apunto de ser llevada a voto al pleno, con la amenaza constante de los titulares de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Marina sobre el “retiro” de la tropa si no se ejecutan al pie de la letra sus “recomendaciones”, y con los números de denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos creciendo diario, tal como los de muertos y desaparecidos, ¿podemos darnos el lujo de un cuerpo policiaco opaco, inútil y sin objetivos claros?