#Vulvasaur: El feminismo no es una sudadera que se puede poner y quitar

Este lunes se publicó en Plumas Atómicas la colaboración de Vania Castaños titulada Querido feminismo: me diste en la madre’. Ésta es una respuesta a dicho texto, en la que explico las razones por las que no se puede hablar del feminismo como un ser omnipotente o una celebridad “vendida” a la publicidad y por qué, aunque duela, el feminismo debe incomodar para liberar.

En 2015, la socióloga Emer O’ Toole escribió en The Guardian un texto titulado ‘Diez cosas que el feminismo me arruinó’. Entre las cosas que O’ Toole enlista se encuentran el catolicismo, la novela Anna Karenina, la monogamia y básicamente todo el contenido transmitido por televisión. ¿Existe alguien que se asuma feminista y siga viendo Friends de la misma forma? ¿Es posible ponerse las gafas violeta sin cuestionar el cristianismo o las novelas de Tolstoi?

#Vulvasaur: No, no todas las mujeres quieren tener hijos

Y es que, escribe O’ Toole, “volverse feminista es como perder la virginidad: lo que al inicio se manifiesta como una serie de revelaciones decepcionantes sobre el mundo termina por volverse el comienzo de experiencias significativas y otras formas de profunda plenitud“.

Feminismo, Deconstrucción, Gafas violetas
La virginidad es una construcción social. No olvidar. (Imagen: Etsy)

Sí, entrarle al feminismo supone cuestionarlo todo, incluso aquello que dábamos por hecho. A veces implica descubrir que las películas que amábamos no pasan el test de Bechdel o renunciar a escuchar bandas como Tool. A veces es preguntarnos si usamos maquillaje por gusto o por obligación. Es mirar al pasado y repasar todas las veces en que hemos sido violentadas, nos han tocado sin nuestro consentimiento o hemos sufrido violencia obstétrica. También es analizar todas las veces en que nosotras mismas hemos replicado esas estructuras de poder.

No es bonito. La deconstrucción duele, pero también ayuda a liberarnos. No tiene sentido quitarse las gafas violeta cuando apenas empiezas a percibir las injusticias cotidianas. Entonces, ¿cuál es el caso?

Asumirse feminista también implica aprender a amarnos como somos en un mundo que trata de convencernos de que somos insuficientes. Valorar nuestras relaciones con otras mujeres y así encontrar nuevas tribus y redes. Reconocer que el trabajo de reproducción y cuidados es trabajo. Perder el miedo a hablar en voz alta. Cuestionar los roles de género. Conocer a las mujeres que han hecho historia pero no aparecen en los libros. Exigir los derechos que nos han negado. Defendernos.

Feminismo, Deconstrucción, Gafas violetas
A diferencia de las sudaderas, las gafas violeta son MUY difíciles de quitar. (Imagen: Twitter)

Asumirse feminista es, además, entender que el feminismo no es un ente homogéneo ni un tribunal que regula las acciones de las mujeres. Los feminismos son movimientos políticos, económicos y sociales, no un dios al que se le puede rezar. Tampoco es una celebridad a la que puede recriminársele haberse “vendido” a las marcas o, peor, “prostituido”. Así, en esos términos patriarcales de slut-shaming.

Los movimientos feministas tampoco son un conjunto de normas talladas en piedra como los diez mandamientos. Están repletos de contradicciones, sí, porque las sujetas políticas seguimos analizándolos, pero no son un una sudadera con la leyenda ‘Feminist’ que se puede poner y quitar a conveniencia. Como dijo Gloria Steinem, la verdad te hará libre, pero primero te hará enojar. Por eso es doloroso. Por eso muchas seguimos aquí.

 

Por Gaby Castillo (@gabyzombie)

Por: Redacción PA.