Un toro escapa, se mete a un mercado en Tláhuac y deja varios heridos

Alrededor de las 15 horas del domingo 5 de agosto, varias personas en el mercado de San Francisco Tlaltenco, en Tláhuac, hicieron dos cosas con el teléfono: tomar fotos o llamar a la policía por el toro de lidia que se había colado.

El toro fue liberado en las calles del pueblo de Tláhuac como parte de una tradición anual: la tlaltenconada. Realizada el primer fin de semana de agosto desde hace ya varios años, la idea básica es muy similar a la ‘pamplonada’ (o los encierros de San Fermín): crear un circuito en las calles del pueblo en el que un grupo de… digamos personas corren y escapan de decenas de toros de lidia sueltos.

Cada año, como en Pamplona, hay heridos y denuncias de abuso de animales, pero como reloj, se realizan año con año casi sin incidentes (bueno, fuera de los heridos que resultan de querer escapar de un toro que corre a toda velocidad hacia ti). (Vía: Sin Embargo)

Este año, o el circuito estuvo mal planeado o ese toro es demasiado inteligente y es la evidencia clara de que nuestro tiempo en la Tierra como raza más ‘inteligente’ se ha terminado… El punto es que nadie se dio cuenta, nadie supo cómo ni cuando, pero un toro negro entró directo al mercado de Tlaltenco.

De acuerdo a reportes en redes sociales y a testigos, el toro hirió a varias personas, pero una señora se llevó lo peor: una cornada en la pierna. Afortunadamente los cuerpos de emergencia llegaron pronto y, aunque tuvo que ser trata por los paramédicos, no fue necesario que fuera trasladada a un hospital. (Vía: El Universal)

Los demás heridos recibieron golpes y trancazos de un pobre animal que, más que enojado estaba aterrado. Afortunadamente pudo ser retirado por tres personas que lo subieron a un camión de carga, donde fue llevado a un rancho dentro de la delegación (esperamos que sí llegue al rancho y no sea un ‘rancho’ como al que llevan a los perritos viejitos).

En medio de todo el relajo apareció el dueño del animal: don Roberto reconoció a su toro y se disculpó con los locatarios, a quienes les prometió pagar todos los daños que hubiera ocasionado. (Vía: Excélsior)

¿Quién diría que aquel refrán, ‘andar como chivo en cristalería’, iba a llegar a ser (casi) literal?