Un espejo que obliga a los enfermos a sonreír no es ayuda, es agresión

Un espejo “inteligente” sólo devuelve una imagen si la persona que se está viendo sonríe, para ello, utiliza una cámara, un software de reconocimiento y un material especial que se torna opaco o reflejante a comando.

Pensado por su diseñador, un tal Berk Illhan, para “levantar los ánimos” de los pacientes de cáncer o alguna otra enfermedad terminal, nace de una “buena” intención, pero… de hecho es bastante violento, antipático y lo peor que se le puede exigir a un enfermo que sabe que su propio cuerpo está tratando de matarlo. (Vía: The Guardian)

La felicidad, las sonrisas y la alegría no tienen nada de malo por sí mismas, menos cuando son provocadas de corazón y de forma natural a través de nuestros seres queridos, de lo que vemos en la televisión o a través de nuestros propios recuerdos. Pero hay una distancia enorme entre esa risa y forzarla.

Cualquier mujer se ha enfrentado una y otra vez a que, en la calle, no sea “aceptada” su seriedad, enojo o tristeza: extraños les exigen que sonrían, que les ‘hagan bonito el día’. No hay mucha diferencia respecto a exigirle a un enfermo terminal que “sea positivo” y “vea el lado bueno”, no se lo decimos a ellos, sino a nosotros mismos, que no podemos aceptar nuestra propia mortalidad, nuestra pérdida. (Vía: New Stateman)

Illhan, en el video promocional de su “invento”, comenta que desarrolló éste a partir de “pláticas” con pacientes de cáncer en Turquía, a partir de entrevistar a oncólogos y tanatólogos quienes le respondieron una y otra vez que sonreír, el apoyo y las sonrisas no sólo son necesarias, sino que “han demostrado” que aumentan las defensas y el proceso de sanación. (Vía: CNN)

Y, quizá, se tomó muy literal el consejo de los doctores: su “espejo” no apoya, no provoca sonrisas, sino que las exige. El dolor, la tristeza y la ira que sienten los enfermos, que tienen que abrazar para, también, aceptar su propia enfermedad les son arrebatados porque “les sirve sonreír”.

El espejito costará enter 2 mil y 3 mil dólares (entre 37 mil y 57 mil pesos) en su primera tirada de producción que, según Illhan, será a partir de fondeadoras como Kickstarter. En un ataque de humildad, el diseñador incluso comentó para CNN que tiene pensado donar unas unidades a hospitales y centros de salud que, esperamos, rechazarán (eso sí, con una sonrisa) la máquina de tortura.