Contradicciones, tuits y metidas de pata ponen a Trump Junior bajo investigación del FBI

Por una serie de declaraciones que se contradicen punto por punto, el hijo mayor de Donald Trump, Donald Trump Junior, está siendo investigado por todos los comités y agencias que, hasta el momento, han abierto un expediente alrededor de la posible conexión entre la campaña presidencial de 2016 de Trump y Rusia.

Como ya se ha hecho tradición con todo lo relacionado con Donald Trump, la historia es bastante sencilla: pocas semanas antes de que su papá ganara la candidatura republicana para la presidencia, Junior se reunió con la abogada Natalia Veselnitskaya, lobbyista del Kremlin dentro de Washington y una aliada cercada de Vladimir Putin. Como todo lo relacionado con Donald Trump, lo complicado viene después: en tuits, comentarios gratuitos, contradicciones, mentiras y todo lo que se les dijo sin que ellos, siquiera, se dieran cuenta.

A principios de junio de 2016, Junior recibió un mail de “un conocido” en el que se le invitaba a una reunión con “alguien de Rusia” que podía tener “información comprometedora” sobre la contrincante de su papá: Hillary Clinton. Sin saber quién era ese “alguien”, sin saber en realidad qué se hablaría ni a cambio de qué se le proporcionaría esa información, Junior les pidió a Paul Manaford y Jared Kushner (entonces coordinador de la campaña y asesor de su padre y cuñado, respectivamente) que lo acompañaran.

Todavía faltaban, también, un par de semanas para que se hiciera público que los servidores del Comité Demócrata habían sido atacados por hackers rusos, pero faltaba (también) pocos días para ello.

Cuando el Washington Post publicó esta historia a finales de la semana pasada, la declaración que existía de Junior era que nunca se había puesto en contacto con nadie; luego que sí, pero que nunca se habló de cosas de campaña ni de su papá… luego (y esta es la “definitiva”) que sí se reunió esperando juntar “tierra” contra Clinton, pero la representante rusa habló “puras incoherencias sobre adopciones” y, como no sacó nada bueno, pues no hizo nada malo (no, no estamos mintiendo, de verdad esa es su defensa).

Lo más seguro es que a Junior, más bien, se le hubiera escapado muchísima información que Veselnitskaya le proporcionó porque, primero: es un idiota, segundo: si no tenía el más mínimo interés en informarse con quién se reunía, menos lo tendría sobre lo que iba a hablarle.

Sus acompañantes, Manaford y Kushner, ya están siendo investigados por los comités del Senado, la Casa de Representantes, la CIA y el FBI, así que tener una declaración de ellos será imposible (al menos en el corto plazo), por lo tanto, lo dicho por Junior es vital para entender lo que a él se le escapó: Veselnitskaya no hablaba de adopciones, sino de sanciones, y Junior no se fue sin “decirles nada”: le dejó claro al círculo cercano del Kremlin que la familia Trump estaba más que dispuesta a hacer lo que fuera por el chisme.

El particular paquete de sanciones al que se refería Veselnitskaya fue el producto de la firma de Barack Obama del “Acta Magnitsky” en 2012, con la que el gobierno estadounidense congelaba los bienes de funcionarios rusos acusados de violaciones serias a los derechos humanos. La firma del acta significó un golpe directo para Putin y un quiebre mayúsculo entre los dos países.

2011 había sido el año en el que más parejas estadounidenses adoptaron huérfanos rusos, por lo que, prácticamente al momento de ser firmada el acta, el Kremlin aprobó un acta “anti-Magnitsky ” en la que se bloquearon todas las adopciones estadounidenses, incluso aquellas que ya estaban aprobadas.

Claro que para alguien como Junior, que, como su papá, tiene que escuchar su nombre o el de alguien que conozca para mantenerse interesado, el tema pasó de largo, pero no para la lobbyista rusa: hablar de aprobar las adopciones era hablar de levantar sanciones, y si esas podían ser eliminadas, las que se impusieron tras la invasión de Georgia y la intervención armada en Ucrania, tras la anexión de Crimea y tras el hackeo en julio de 2016, también podrían eliminarse.

Y, si algo queda claro tras las contradicciones de Junior y los corajes de su papá es que, hoy por hoy, la línea política de la Casa Blanca atraviesa la Plaza Roja.

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