Golpiza en graduación de Colegio Americano: cuando los niños ricos se ‘portan mal’

El fin de semana pasado, alumnos y exalumnos del Colegio Americano de Puebla convirtieron su fiesta de graduación en una batalla campal: sillas, mesas y vajillas volaron sin que, hasta el momento, se haya levantado una denuncia ni una acusación formal. (Vía: Terra)

Éste es el segundo incidente en el que se ven involucrado colegios privados “de élite”, apenas el fin de semana pasado, alumnos del Instituto Cumbres junto con sus guardaespaldas irrumpieron en la graduación del Colegio Irlandés para golpear a los asistentes. (Vía: Televisa News)

Vamos, primero, al plano institucional. Las tres escuelas involucradas rápidamente lanzaron comunicados bastante simplones: eso no pasa en nuestras escuelas, ya estaban borrachos, aquí no enseñamos nada de eso, ¡qué barbaridad! Las tres podrían fácilmente limpiarse las manos si no fuera porque los actos de violencia ocurrieron en eventos organizados por ellas: dos graduaciones con alumnos de las tres escuelas.

No es tanto que éstas explícitamente enseñen a sus alumnos a ser violentos, sino que, más bien, forman parte de una socialización agresiva que se filtra hacia la vida cotidiana dentro de ellas: la probable “causa” de la pelea campal dentro de la graduación del Irlandés fue una canción en la que se burlaban bastante ofensivamente de otras escuelas a partir de chistes clasistas, racistas y misóginos, tal y como, hace un par de años, alumnos del otro colegio, el Cumbres, fueron noticia internacional por hacer un video de graduación en el que convierten a las mujeres en meros productos.

Escuelas como estas alimentan y se alimentan de una atmósfera de competencia agresiva y agresora: el otro es siempre un enemigo al que hay que tratar hostilmente, y ese “otro” es alguien de otra escuela, pero también puede ser una mujer, es “el servicio”, son “los nacos”, es cualquier otro que sea apenas diferente, apenas “no yo”…

Los alumnos, por otro lado, no “son sólo niños”, ni “están chavos”: tras el enfrentamiento entre los alumnos del Irlandés y el Cumbres, tras la pelea campal dentro de la graduación del Colegio Americano de Puebla, no hubo una sola demanda, una sola acción penal aún cuando hubo videos, aún cuando, al ocurrir en propiedad privada, los dueños de los lugares pudieron levantar cargos.

En un escenario semejante, pero en el otro lado del espectro social: si esas peleas hubieran ocurrido en graduaciones de escuelas públicas, de otras escuelas que no fueran tan “renombradas” como esas otras, los involucrados estarían en medio de un proceso penal; ¿aquí? Simplemente “los padres decidieron ser más estrictos con sus hijos”.

En febrero de este año, también, un grupo de adolescentes se hizo de una “banda” (pandilla quizá sea el término más preciso) y salían a golpear a otros jóvenes en plazas y cafés del sur de la ciudad, con todo y que la PGJ-CDMX anunciara que sería investigado el caso, simplemente fue olvidado, los involucrados no fueron procesados y todo terminó como era de esperarse: nadie fue responsable de nada.

Hay algo muy grave que se nos puede olvidar fácilmente aquí: estos adolescentes son los que, en unos años, serán jefes, “emprendedores”, políticos y “líderes”, en sus manos estará decidir el futuro de todos, las políticas públicas, las propuestas cívicas (que no sociales)… si seguimos en el tren donde vamos, esos niños que están felices partiéndose una silla en la cabeza y que no entienden que sus acciones tienen consecuencias, serán los que determinen quién merece o no pasar su vida en la cárcel.

Y sí, “son chavos”, pero no: no todos los chavos en este país tienen la facilidad de ser grabados en video agrediendo a otro compañero y que no pase nada.

 

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