La ortografía cuesta: la apelación de un abogado es rechazada por un tribunal en Uruguay

En Uruguay, el Tribunal de Apelaciones de Trabajo desestimó el recurso del abogado Pablo Andrada por la simple razón de que no sabía escribir “correctamente”.

El Tribunal dijo que el texto era “absolutamente inentendible”, lo que terminó en la ratificación de una condena que obligaría a la Comisión de Apoyo de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (o sea, el IMSS pero con mate y choripán) a pagar 11 mil dólares a una ex-empleada.

Cuánto daño ha hecho Legaly Blonde en el mundo, que dentro del texto de 11 páginas se encontraron más de cien errores ortografía, entre escritura, redacción y sintaxis. Las faltas que los jueces encontraron, y por las que la apelación no tuvo éxito, son tan graves como para regresarlo al Colegio de Ciencias y Humanidades, al Taller de Lectura y Redacción I. Entre muchas otras faltas, fallas y errores se “pueden” leer: “espresa”, “desarroyo”, “ubiera”, “estubiera”, “quizo”, “abaló”, “extructura”, “digimos” y más… tantas que nos cansaríamos de escribir  tanto [sic] en el documento.

El Tribunal de Apelaciones consideró que el escrito no apela a “la dignidad y el respeto que merece la Justicia”; asimismo, están bastante seguros de que el señor Andrada utilizó un borrador que encontró por ahí y que ni siquiera se tomó el tiempo de revisarlo, lo que terminó en un recurso inentendible tanto para quien defendía como para los jueces revisores. (Vía: Sin Embargo)

¿Por qué juzgamos la clase a partir de la ortografía? Puedes leer una explicación aquí

O sea: no fueron suficientes los errores, tenía que haber plagiado el documento legal sin siquiera darle la más mínima revisada… lo que, de hecho, nos recuerda una tesis de algún jefe del ejecutivo cuyo copete quedará sin ser nombrado (*cof* Peña Nieto *cof*).

Si de algo podemos estar seguros, es que hay un becario que no regresará a trabajar el siguiente lunes y que El Rincón del Vago se quedará sin su visitante durante algún tiempo.