¿Es viable el proteccionismo que propone AMLO para el campo?

Así como “ya saben quién” de Estados Unidos, AMLO busca impulsar una agenda proteccionista para la economía mexicana, ya que entre otras cosas ha propuesto establecer esquemas de “precios de garantía” para algunos productos agroalimentarios de México, tales como: el maíz, sorgo, trigo, soja, frijol, arroz y lácteos, según él porque quiere lograr la autosuficiencia alimentaria del país. ¿Pero qué son los ‘precios de garantía’ y qué sentido tendría introducirlos?

Los “precios de garantía” son un subsidio del gobierno hacia los productores, en este caso del sector primario, por unidad de producto vendida, es decir, el gobierno incide en el sistema de precios, regido por la oferta y la demanda, para garantizar un precio artificial de los productos, en este caso, del maíz, la soja, el frijol, etcétera. Esto lo hace volviéndose comprador de los productores o bien como intermediario para los demandantes del producto, en el segundo caso el gobierno asumiría las pérdidas ya que tendría que vender a precios más bajos que el de garantía.

“Contrario al mito, somos autosuficientes en el maíz que comemos”.

Dicho de forma sencilla, este tipo de políticas, ya aplicadas durante los sexenios de dos gurús de AMLO: los ex presidentes, Luis Echeverría y José López Portillo, lo único que producen es una distorsión de los mercados, es decir, una burbuja económica que tarde o temprano acaba por reventar.

Las consecuencias de una política de este tipo son varias: en primer lugar se deseincentivarían mercados altamente productivos y rentables como el del aguacate o el jitomate debido a lo atractivo del subsidio: ¿para qué investir si ya pagará el gobierno? Recordemos que solo el año pasado la producción de aguacate y jitomate en su conjunto generaron en exportaciones cerca de 4 mil millones de dólares; el problema es que los productores se estarían mudando a un mercado que en el corto y mediano plazo podría saturarse, por lo que los precios de los insumos, tierra y mano de obra  relacionadas a esos cultivos irían a la alza por esa sobredemanda.

Uno de los productos que buscarían subsidiar de entrada es el maíz blanco, que es el que consumimos en nuestra alimentación, según esto porque importamos grandes cantidades de maíz de Estados Unidos, lo cual nos hace dependientes y no autosuficientes. En efecto,importamos grandes cantidades de maíz de Estados Unidos, pero este no es maíz blanco sino amarillo, el cual es utilizado para forraje, es decir, para alimentar animales. En realidad en producción de maíz blanco somos autosuficientes, ya las cantidades de maíz blanco importado son insignificantes, estamos hablando que en 2016 se importaron en total 13.8 millones de toneladas de ese grano, de las cuales 12.7 eran de maíz amarillo. (Vía: Sagarpa)

“Hay sectores del campo mexicano que necesitan desarrollo y apoyo, pero este no se va a obtener a partir de subsidios”.

Una segunda consecuencia tiene que ver con el aumento de los precios de los productos agroalimentarios en general, ya que al desincentivarse el cultivo de productos distintos a los subsidiados, bajaría la oferta respecto a la demanda, lo que traería un alza generalizada en los precios de los alimentos, además de los aumentos artificiales de los precios de los bienes subsidiados, es decir, habría consecuencias inflacionarias. También, a mediano plazo, la saturación del mercado de productos subsidiados generaría poca rentabilidad y muy probablemente la salida de varios productores y por tanto, una reducción en la productividad, la cual ahora sí, tendríamos que suplir con importaciones. (Vía: El Economista)

A todo esto habría que agregar los daños a las finanzas públicas, ya que subsidios de este tipo harían que el gobierno opere a través de pérdidas, a raíz de la artificialidad de esos mercados.

Sin duda hay sectores del campo mexicano que necesitan desarrollo y apoyo, pero este no se va a obtener a partir de subsidios que busquen distorsionar el mercado, sino con incentivos que busquen introducir nuevos métodos y tecnologías que deriven en un aumento de la productividad; fijar precios artificiales no es más que una locura que podría traer consecuencias desastrosas. (Vía: El Financiero)