Selena: un estandarte de la identidad binacional

Hoy, hace 28 años EMI lanzó el primer el álbum solista de una de las voces que cambió la historia de la música en México, Estados Unidos y el mundo, álbum que más tarde ganaría un Grammy por el Mejor Álbum Mexicanoamericano. Por esta razón Google dedica su doodle a la reina de la música del Tex-Mex: Selena Quintanilla.

La reina del Tex-Mex nació en Lake Jackson, Texas, el 16 de abril de 1971 y cuando era niña se rehusaba a cantar en español, quizá era muy joven para saber que dentro de poco se convertiría en la voz de una comunidad binacional, que depositó su doble pertenencia en su particular uso del español y que esa acción colocaba en primer plano a la comunidad chicana y a quienes entendían el idioma.

En repetidas ocasiones a Selena y a sus hermanos les negaron la entrada a locales por ser latinos y, para colmo, porque su vocalista cantaba en español.

Su identidad binacional nos enseñó que las categorías sociales son mutables: a diferencia de las comunidades irlandesas e italianas, que en su momento también fueron marginalizadas, la comunidad latina en Estados Unidos no perdió el vínculo con el país de origen: mientras los italoamericanos mascullan dos o tres palabras en italiano, los mexicoamericanos viven sus afectos en español; el idioma de Cervantes para ellos es el idioma del cariño y la intimidad. Selena lo que hizo fue llevar a la plaza lo que sucedía en los hogares. 

Para la historiadora de la música, académica de la Ibero, Julia Palacios, alega que el mayor mérito de Selena es haber legitimado “a la mujer de raíces mexicanas en los Estados Unidos y le dio voz a un sector de la población que no tenía voz”. (Vía: Huffington Post)

A lo largo de si vida Selena tuvo que lidiar con una vida contradictoria: al mismo tiempo que se convirtió en un involuntario adalid de la libertad femenina (basta recordar la letra de “Amor prohibido”), al interior de su familia tenía que soportar un papel de sumisión exigida por su padre, gracias al machismo y a la intransigencia religiosa.

Selena era una mujer latina de origen humilde, con rasgos físicos que no ocultaban sus orígenes: ojos pequeños, tez morena y amplias caderas que la chica blanca “de a lado” jamás tendría.

Para Silvia Pellarolo, profesora de la Universidad de California, Selena perteneció al grupo de mujeres que pueden “realizar una danza de resistencia a la cooptación y, al mismo tiempo, seducir a las audiencias del primer mundo ansiosas por el consumo de la alteridad”.

El 31 de marzo de 1995, Yolanda Saldivar, presidenta de su club de fans, la mató de un disparo. Dos semanas después, George W. Bush declaró el 31 de marzo como el día de Selena, cuando aún era gobernador de Texas y sostenía una política antiinmigrante mucho más agresiva que durante su posterior presidencia. (Vía: Al Jazeera)

Antes de Ricky Martin, antes de Selena Gómez, antes de Shakira, Selena Quintanilla fue el estandarte de una comunidad marginada; y a diferencia de sus sucesores ese logro simbólico no fue parte de una estrategia de marketing hecha por corporaciones blancas: quienes la encumbraron fueron sus pares, los que se refieren a sí mismos con la palabra “nosotros” en estricto español en ambos lados del río Bravo.