Cuando los empresarios también son presidentes: Macri y Trump

Hasta antes de junio de 2015, Donald Trump era, nada más, uno de los empresarios más famosos de la cultura estadounidense. Su nombre se relacionaba (y quizá siga haciéndolo) con una marca que se estampaba en un sinfín de productos: desde edificios, hoteles y casinos hasta cortes de carne, botellas de agua, vodka y champaña. Luego ganó la presidencia de los Estados Unidos.

Mauricio Macri, el actual presidente argentino, también era conocido como un empresario, aunque no con la fama ni la omnipresencia cultural del estadounidense, su apellido es sinónimo de SOCMA, una de las empresas más grandes y diversificadas de Argentina, que maneja contratos enormes con gobiernos de todo el cono sur.

Conforme tradición, los gobiernos de otros países buscan ponerse en contacto con quien será el presidente de los Estados Unidos y el caso del Ejecutivo federal argentino tampoco fue la excepción: el domingo, la oficina de Mauricio Macri marcó a la Torre Trump en Nueva York. Amigos desde hace treinta años, según reportes oficiales de la Casa Rosada, Macri habló un rato con el presidente electo e, incluso con su hija mayor, Ivanka Trump, a quien conoce desde niña. Según reportes oficiales, el entrecruzamiento de frases “tradicionales”: la búsqueda del fortalecimiento de relaciones, la apertura de los mercados, los buenos deseos… (Vía: El Clarín)

Lo que hace esta llamada noticia fue que, según reportes de La Nación, durante la llamada, Donald Trump le pidió ayuda a Macri con las licencias de construcción de una torre de oficinas en el centro de Buenos Aires que su desarrolladora inmobilaria estaba construyendo desde principios de este año, pero que fue clausurada por la municipalidad de la capital federal.

Aunque fue desacreditado por los voceros de ambos empresarios, una serie de acusaciones, publicaciones en redes sociales e, incluso, declaraciones de sus familiares, han puesto a Donald Trump en una serie de cuestionamientos sobre cómo va a dirigir la Casa Blanca: como líder de una de las economías más grandes del mundo y jefe del ejército más poderoso de la historia, o como una oficina de relaciones públicas desde la que puede “facilitar” las cosas para sus inversiones. (Vía: Slate)

Incluso si el “favor” que le supuestamente le pidiera a Macri resultara falso, la conversación entre Ivanka y Mauricio Macriconfirmada por el mismo presidente argentino- también es un problema diplomático que se suma a otros, como la presencia de ella en la junta diplomática que tuviera su padre con el primer ministro japonés, Shinzō Abe. 

Trump y Macri se suman a una lista que va haciéndose cada vez más larga de jefes corporativos que van encontrando su camino hasta la presidencia, junto con el expresidente chileno Sebastián Piñera o el exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi. Si bien la cultura política, y el mismo aparato institucional de estos países son completamente diferentes, se va haciendo un factor común este envolvimiento entre corporaciones y política, que, más que ser preocupante por su repetición, quizá lo sea aún más porque las líneas que separaban la “inversión privada” de la política se terminarán de borrar y, con ello, la idea de “conflicto de interés” pronto podría resultar anacrónica. 

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