La Constitución de CDMX ya (casi, casi) está lista

En los últimos meses, han habido muchas noticias sobre lo que estaba ocurriendo dentro de la Asamblea que construyó la Constitución de la Ciudad de México: desde los primeros escándalos por la “plusvalía”, hasta los ataques que, desde los grupos parlamentarios del PRI, PAN, PES y PVEM, buscaron cancelar (o sesgar gravemente) muchos de los derechos que, desde hace diez años se cuentan en CDMX: el matrimonio igualitario, el derecho a las parejas no heterosexuales de adoptar y la legalización del aborto.

También, en los casi cuatro meses que tomó a la Asamblea Constituyente trabajar en el proyecto, centenares de piezas de opinión cuestionaron sobre la “practibilidad” de algo que asemejaba más a una lista de deseos que a un proyecto “serio” de constitución; incluso miembros del constituyente se lanzaron a los medios a cuestionar el mismo proyecto en el que estaban trabajando, en el que (algunos) habían sido elegidos para participar. Si bien es cierto que muchos de los artículos que conforman la Constitución (que ya casi está) nunca habían sido pensados como tales -la garantía al agua potable o a una vida cotidiana libre de violencia para las mujeres-, sino como aparatos legislativos, reglas o leyes que, las más de las veces, quedaron, también ellas, como una lista de buenos deseos que no fueron llevados eficientemente a la práctica.

La discusión en el constituyente, reportan medios como ReformaEl UniversalAnimal Político se centró, más que en esa lista de “buenos deseos”, en encontrar las medidas para frenar la especulación inmobiliaria en la ciudad, pues, hoy, está descontrolada, tanto por vacíos legales como por corrupción rampante en las secretarías e instituciones que, supuestamente, tendrían que controlarla. Desde que salió a la luz la “ley de plusvalía”, propuestas como ésta se convirtieron en el estandarte para los grupos interesados: una pieza de legislación que regulaba los grandes desarrollos inmobiliarios (comerciales y habitacionales) para responsabilizarse por el impacto que tienen en la zona donde serán construidos, se convirtió en una “lucha por el derecho a la propiedad privada”. (Vía: Animal Político)

Los grupos que buscaban frenar este tipo de regulaciones, en buena medida apoyados por miembros de los grupos parlamentario del PRI y el PAN, lograron reducir o plenamente eliminar estas restricciones, cuando no las convirtieron en un “segundo paso” que tendrá que ratificar la Asamblea Legislativa de CDMX “en cuanto entre en vigor” la Constitución. Las medidas dispuestas para frenar la gentrificación y responsabilizar a las desarrolladoras del impacto ambiental y social que provocan sus megaproyectos, así como legislación sobre el uso de suelo, el agua y otros derechos quedaron mermados del proyecto definitivo que, apenas la madrugada del día de hoy, fue aprobado casi en su totalidad. (Vía: El Universal)

La última sesión fue una batalla constante no sólo para aprobar los artículos y las reservas faltantes, sino para hacer que los diputados “pusieran atención”, ocupados en la negociación dentro de sus propios grupos parlamentarios o con otros:

“La sesión, iniciada a las 7 de la noche, avanzaba lentamente. Las horas transcurrían y Encinas tenía prisa. Se impacientaba. Cuando los diputados se distraían, formaban grupos o elevaban la voz, el Presidente endurecía el rostro, echaba el cuerpo para atrás, se quitaba los anteojos y, como un maestro de Bachillerato, los llamaba al orden con frases como: ‘¿no les molesta que los distraigamos mientras seguimos trabajando? ¿Le molestaría si continuamos aprobando la Constitución, señor diputado?'”. (Vía: Reforma)

El último elemento que fue votado fue la redacción del “proemio”, un pequeño texto que presenta la Constitución y enuncia los ideales desde los que fue construida. Escrito por Porfirio Muñoz Ledo, del grupo parlamentario de Morena, un fragmento sobre la “resistencia histórica contra el poder autoritario” fue el pretexto para que diputados del PRI, PVEM y PANAL denunciaran que ningún partido podía ser atacado, porque no es justo “politizar” la Constitución. (Vía: El Universal)

Con todavía 11 enmiendas en el tintero, el presidente de la Asamblea, Alejandro Encinas, llamó a una sesión al medio día de hoy para terminar, ahora sí, una Constitución que entrará en vigor a partir del 18 de septiembre de este año y que, estaremos viendo, presentará su buena suerte de problemas para ser llevada a la práctica.

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