Dos años y 11 millones después, los silbatos antiacoso no se han usado ni una vez

El Sistema de Transporte Colectivo Metro, a través de una solicitud de transparencia hecha por Reforma, confirmó que no existen reportes de que los silbatos antiacoso o #ViveSegura repartidos por el Gobierno de la Ciudad de México hayan sido usados una sola vez. Esto a dos años de la implementación del programa y 11 millones de pesos invertidos en él.

No se tienen reportes de usuarias que hayan utilizado los ‘silbatos rosas’ repartidos por el Gobierno de la Ciudad de México”, señaló el STC.

En 2016, el entonces Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera habló de la iniciativa de “silbatos rosas” como una medida que reduciría el acoso en el transporte público. Sin embargo, la única forma de medir el “éxito” de los también llamados “pitos de Mancera” fue a partir de los silbatos entregados.

De acuerdo con Reforma, cada uno de los silbatos tuvo un costo aproximado de 70 pesos. Fueron entregados en estaciones del Metro con alta afluencia como Balderas, Chabacano, Chapultepec, Pino Suárez, Guerrero, Pantitlán y Zócalo, así como en estaciones del Metrobús y en oficinas del Instituto Nacional de las Mujeres.

No obstante, como revela el informe, son pocas las mujeres que tienen un silbato #ViveSegura en su poder y muchas menos las que le han encontrado alguna utilidad.

Desde 2016, un informe realizado por Ala Izquierda, Equis Justicia para las Mujeres, GIRE y ADSYR concluyó que el programa de los silbatos antiacoso fue “mal planeado”, “mal ejecutado” y sin resultados. En 2018, a dos años de su implementación, los “pitos de Mancera” aún son entregados de la misma forma: sin estrategia ni seguimiento.

#AcosoEnElMetro, lo que las mujeres viven todos los días en el STC

Mientras tanto, el acoso en el transporte público de la Ciudad de México sigue siendo un grave problema: más de la mitad de las mujeres que lo usan han sido acosadas sexualmente y las acciones afirmativas implementadas, como los vagones exclusivos para mujeres, niños y niñas, no siempre son respetadas.

El problema no son los vagones exclusivos, sino la violencia contra las mujeres

Por: Redacción PA.