Salimos a la calle para exigir justicia, no para ser asesinadas

El punto de reunión fue la catedral metropolitana, ¿cuántas personas tomarán su tiempo para poner su cuerpo en el espacio público y reclamar por quienes fueron torturadas, asesinadas, desaparecidas?

Se dice feminicidio, aprende a decirlo. Una mujer que sólo por el hecho de ser mujer fue acosada, violada y asesinada. ¿Por qué les cuesta tanto trabajo pronunciarlo?

Pienso en lo anterior y comienzo a ver los carteles que son sostenidos por mujeres, niñas, madres, hermanas, amigas, cada una apoyándose en el hombro de la otra. 

“¡Vivas se las llevaron, vivas las queremos!”

Una mujer tiene lágrimas en los ojos y aunque sé que su hija está a salvo porque marcha a lado de ella, grita las consignas con el dolor de imaginar o recordar los segundos en los que no ha sabido nada de su hija, es decir, de mí; pero sé que también está aquí para acompañar a cada una de las mujeres que están a su lado y con el mismo objetivo: exigir justicia.

Grupos de amigas que quizá desde el miedo se han hecho más cercanas o comenzaron un grupo de reflexión feminista, que compartieron su primer acoso, que han cuidado la una de la otra, marchan este día por Mara Castilla.

Porque como Mara, cada una de nosotras ha salido tarde de un bar o de la casa de un amigo o amiga y hemos pedido un taxi pensado que sería la forma más segura de llegar a nuestro hogar, pero no tiene que ver con los lugares, con los espacios, tiene que ver con una cultura machista y de odio que ha aceptado la violencia contra las mujeres.

“No fue tu culpa Mara”, gritamos con un nudo en la garganta pero también con la molestia por quienes siguen criminalizando a las mujeres, por quiénes siguen juzgando la vida personal de las víctimas.

Avanzo y compruebo que es una marcha nutrida, algunos contingentes sólo están formados por mujeres y los hombres deben aprender a respetar esos espacios de protesta, otros grupos son mixtos y también hay familias enteras.

Comienzo a reconocer a amigas y amigos de la universidad, algunos académicos, periodistas, activistas, algunos artistas y familiares de víctimas que han encontrado en la solidaridaridad y sororidad de grupos de mujeres, un aliento para seguir. 

¿Por qué se marcha?

Para saber que nos estamos solas, para darle la cara al miedo, para interrumpir la normalización de la violencia, para compartir el dolor.

El sol quema nuestros rostros pero ninguna se queda atrás y aún cuando todas tenemos sed no dejamos de gritar para exigir justicia, para invitar a los ciudadanos a unirse a la caminata.

Llegamos a la PGR y el dolor se recrudece al pasar por el plantón de familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

“Los feminicidios son un crimen de estado”

Pero no sólo a la sociedad civil le cuesta reconocer la violencia sistémica contra la mujeres, son las propias autoridades las que dejan impunes los crímenes, las que prefieren juzgar como homicidio lo que fue un feminicidio, las que comenten omisiones en las investigaciones, las que con sus tuits criminalizan a las víctimas.

Afuera de las instalaciones sólo quedan las pancartas y se realiza un performance en el que el cuerpo de una sobreviviente, porque quizá ese sea la mejor forma de nombrarnos, expone las heridas de muchas ciudadanas que salimos con miedo pero que no dejaremos de pronunciar los nombres de quienes fueron violentadas, asesinadas, humilladas.

 

 

Hebzoariba Hernández Gómez