De Lesvy a Marco Antonio: más fácil culpar a la víctima que trabajar

¿Desde cuándo nuestra apariencia o nuestra circunstancia particular nos vuelve culpables de haber sido víctimas de un crimen o un atropello? Para las autoridades mexicanas, siempre es más fácil culpar a las víctimas que encontrar a los auténticos responsables. Pasó con Lesvy y pasó, en cuestión de horas, con Marco Antonio.

Como muchos recordarán, apenas se contagiaba en redes sociales la conmoción por la muerte de Lesvy, la SSP salió a aclarar, con una prontitud inaudita, muchos detalles sobre la vida de Lesvy pero muy pocos sobre su fallecimiento.

Cuando no quieras hacer tu trabajo, mejor juzga, culpa y criminaliza a la víctima”.

De forma semejante, en la tarde del domingo, cuando arreciaban los reclamos hacia las autoridades y se intensificaba el rumor de la aparición de Marco Antonio, poco a poco el joven estudiante pasó a ser un posible delincuente. Su desaparición pasó de ser motivo de queja a motivo de burla y escarnio clasista.

La última información pública tras su reaparición, es que Marco Antonio fue ingresado a un hospital psiquiátrico infantil al sur de la ciudad. Mientras tanto, los mismo policías que se disculpaban entre sollozos en un video grabado la noche del domingo, al mediodía del lunes daban entrevistas jactándose de haber realizado una detención conforme a derecho.

Para ese entonces, los chistes clasistas, las difamaciones y los titulares tendenciosos habían hecho su trabajo: Marco Antonio ya no era víctima de una desaparición forzada ni de una detención arbitraria sino un posible agresor, un probable drogadicto y un circunstancial delincuente: de pronto, el juicio moral intervino para eximir a la policía capitalina de las responsabilidades que no cumplió y de las explicaciones que aún no ha dado.

Porque, aun si fuera acreedor de todos esos calificativos, Marco Antonio nunca debió desaparecer. Ese es un hecho. Segundo hecho: su detención y su liberación fueron irregulares. ¿Por qué entonces fijarnos en juicios morales? Porque es más fácil descalificar que dar explicaciones, es más fácil promover la burla que pedir que se finquen responsabilidades.

“Lo que hermana a los 43, Lesvy y Marco Antonio es que se juzgó a las víctimas antes de que las autoridades cumplieran su deber”. 

Este lunes algunas voces señalaron que este caso ejemplificaba la criminalización de los jóvenes. Lo cierto es que representa, más bien, una estrategia común de autoridades y medio mexicanos desde el inicio de la Guerra contra el Narco: cuando te tiemble la mano para encontrar al responsable o para juzgarlo, cuando no tengas una línea clara de investigación, cuando no quieras hacer tu trabajo, mejor juzga, culpa y criminaliza a la víctima.

Ese es el accionar que hermana a Lesvy con los 43, a los que mueren en enfrentamientos con a Marco Antonio: la autoridad prefirió culparlos antes que hacer su trabajo; y medios y público prefirieron hacer gordo el caldo a las autoridades irresponsables.

Los hechos siguen intactos: Marco Antonio fue víctima de una detención irregular, su proceso está plagado de irregularidades (¿el MP no estaba obligado a marcar a los padres?) y nadie ha dado explicaciones pero sí muchos pretextos. Y todos esos juicios apresurados y esos pretextos burdos no habrían sucedido de no ser por la intervención de la moral en lugar de la prontitud legal.

La moral es el clasismo llevado a la conducta y muchos que se acostumbran a ejercer juicios morales pasan por alto que nada los salva de ser juzgados: cualquiera es susceptible de ser culpado de su propia muerte.

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