Boca del Río y la repetición de estrategias fallidas

Una constante de Felipe Calderón cuando era cuestionado sobre el número creciente de víctimas de su “guerra contra el narco” fue la criminalización de éstas: todos lo que murieron cayeron por algo, “algo han de haber hecho”, “quién sabe en qué andaban metidos”. Ese discurso, que está en todos los niveles de la procuración de justicia, como deja claro Morir en México, de John Gibler, no sólo retrasa (o cancela desde su origen) las investigaciones judiciales, sino que, también, normaliza una “verdad”: los muertos no tienen otra historia más la sospecha. Diez años después de lanzada la guerra, ahora Miguel Ángel Yunes, actual gobernador de Veracruz, ha reutilizado ese mismo discurso, ahora, con los 11 muertos encontrados el 28 de febrero en Boca del Río.

La madrugada del 28 de febrero, un auto fue reportado como abandonado en el muncipio “estrella” de Veracruz, Un mensaje “violento” (según reportaron medios como Reforma) y once cadáveres con evidentes marcas de tortura estaban dentro, la imagen, de 2012, de los cuerpos colgando del puente peatonal que da la bienvenida al muncipio no se hizo esperar, como tampoco la atropellada y violenta respuesta del gobernador Yunes. En una primera declaración a medios, declaró que todos, los 11, tenían relación con el crimen organizado. (Vía: El Universal)

Conforme la Fiscalía General del Estado (FGE) fue investigando y los cuerpos eran reconocidos, se llegó a la conclusión de que, al menos dos, habían sido secuestrados apenas la noche anterior de un club nocturno de la zona y, apenas ayer fue identificado el último desconocido gracias a que el mismo gobernador pidiera ayuda “a la sociedad” a partir de un mensaje a medios. (Vía: Proceso)

Ese mismo 28 de febrero, el Secretario de Gobernación estuvo en el estado para presumir de otro “operativo para reforzar la seguridad de Veracruz”: un trabajo conjunto entre la Gendarmería, la Policía Federal y el Ejército, que respondía a un alza indiscriminada de violencia por todo el estado del Golfo. El mensaje de Osorio Chong no sólo trae a la mente los mensajes “claros” del calderonato: se irá contra “los criminales”, pues operaciones como esa son “muy bien estudiadas y vigiladas” para ejercer presión y “eliminar” a esos grupos que violentan a la sociedad veracruzana. A pocas horas de un discurso así, “aparecieron” los 11 en Boca del Río. (Vía: Animal Político)

Hasta el momento, Yunes, su FGE y Osorio Chong argumentan que el hallazgo (el mensaje, más bien) se debe a “un conflicto entre grupos delincuenciales” -también una explicación ya desgastada por el gobierno de Calderón-, y que no es una evidencia de un problema sistémico, sino, tan solo, un evento trágico y terrible, sin que, por ello, sea reflejo de la situación de violencia de un estado que estelariza la agenda noticiosa con escándalos de corrupción, deuda insalvable y campañas de desprestigio electoral. (Vía: Reforma)

Hasta el momento, la investigación no ha pasado de los titulares, del reconocimiento de los cuerpos (sin que se hayan hecho públicos los nombres, como sí pasara con el enfrentamiento entre la Marina y el cártel de los Beltrán Leyva en Tepic, Nay.). Este mismo hecho, mantener los cuerpos como números, como muertos, nos ha desensibilizado a lo largo de diez años: ¿cuáles son sus nombres?, ¿cuáles sus historias?, ¿quién los está buscando?