Dan cadena perpetua a un Beltrán Leyva y uno de sus infiltrados se entrega a la policía… de Estados Unidos

El día de ayer, y después de un largo proceso judicial (que inició con su detención en 2008 en México y su extradición en 2014), un juzgado de Washington D.C. ha condenado a cadena perpetua a Alfredo Beltrán Leyva, líder del cártel que fuera parte del de Sinaloa. Además, el juez federal exigió que “El Mochomo” pague una retribución de 529 millones de dólares. (Vía: New York Times)

El hermano mayor de los Beltrán Leyva se declaró culpable de los cargos de conspiración para traficar cocaína y metanfetaminas del año 2000 al 2012, según reportó el NYT. Los últimos cuatro años de esa acusación ocurrieron con Alfredo dentro del sistema penitenciario mexicano, ante lo que ninguna autoridad federal ha respondido.

El mismo día, pero en la ciudad de Chicago, Ill., quien fuera un alto mando de la División Antidrogas de la Policía Federal y que trabajara de forma cercana con agentes de la Agencia Antidrogas estadounidense (DEA) y el FBI, Iván Reyes Arzate, se entregó a las autoridades, aceptando que frenó, impidió o bloqueó investigaciones federales de ambos países “por beneficios personales”. (Vía: El Universal)

En conferencia de prensa, el comisionado de la Policía Federal, Manelich Castilla Craviotto, se apuró a declarar que la entrega de Reyes Arzate responde a que “se sabía investigado” por las autoridades mexicanas, así que prefirió cumplir sentencia en el país vecino. El comisionado informó, también, que Iván “N” (por alguna razón así lo identifican en la PF) fue cesado de su cargo en noviembre de 2016.

Tanto el gobierno estadounidense como el mexicano, aparentemente, siguen obsesionados con la cacería de los capos: la captura de los líderes de los cárteles es, básicamente, la estrategia que ha seguido el gobierno federal desde el gobierno de Vicente Fox, sin que esto de resultados demostrables; la violencia volvió a desatarse en el país en el 2016, los cárteles siguen dominando buena parte del territorio nacional y sigue sin haber una estrategia para que el ejército regrese a sus cuarteles.

¿Será que quienes planean la “estrategia” de seguridad viven en nuestra misma realidad?

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