El águila real podría, pronto, dejar de ser una especie en peligro

En el país, cientos de especies animales y vegetales se encuentran en peligro de extinción, quizá el caso más famoso, por ser el más extremo, es el de la vaquita marina, de la que quedan sólo 30 ejemplares y de los que no se garantiza su supervivencia más allá de este sexenio. Animales endémicos -que sólo existen en ciertas zonas del país-, como el conejo teporingo, que vive sólo en el volcán del Ajusco en la Ciudad de México y otras especies migratorias, como ballenas, tortugas y grandes felinos están en riesgo constantemente creciente de desaparecer.

Con la amenaza del cambio climático y la reducción del hábitat natural de estas especies, las historias de éxito que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) son cada vez menos. Ésta, quizá, ocurrió por el alto simbolismo que guarda la especie, y su extinción hubiera significado una derrota terrible para el gobierno completo. El águila real, parte central de los símbolos nacionales (el escudo, las monedas, la bandera, toda la papelería oficial del gobierno…) fue considerada desde los años 80 como una especie en riesgo, luego en peligro de extinción; finalmente, tras un programa intenso de reproducción y cuidado de su hábitat, el titular de la Conanp, Alejandro del Mazo Maza pudo decir este lunes 13 de febrero, día nacional del águila real, que sus números están creciendo. (Vía: El Universal)

La tarea de cuidar el hábitat del águila real es compleja y tiene que abordarse desde múltiples perspectivas y disciplinas, pues no se trata sólo de reintroducir la especie y esperar que se reproduzca: las especies de las que el águila se alimenta, como el perrito de las praderas y el guajolote silvestre estaban casi extintos de las zonas donde habitaban junto con el águila, y ésto, a su vez, ha impactado el equilibrio ambiental; así, que los expertos han tenido que desarrollar planes alternos para, también, cuidar a estas especies, “curar” el hábitat y, finalmente, intentar traer, de nuevo, un equilibrio a un ecosistema devastado por la acción humana. (Vía: Endesu)

Más allá del peso simbólico que tenga el ave para la identidad nacional, su presencia y el crecimiento de sus números no pueden ser otra cosa más que buenas noticias, unas que nos urgían frente al panorama algo desolador en el que hemos vivido los últimos meses.