Plumas Atómicas

Trabajo de campo: la inseguridad que viven investigadores universitarios

Esteban González | 18 enero, 2018

Se habla mucho de cómo la inseguridad frena el turismo, pero no de cómo frena la investigación científica universitaria en México. En este reportaje, Plumas Atómicas indagó los asaltos que han sufrido investigadores de la UNAM y otras universidades en Tlaxcala, como una muestra local de un problema nacional.

Con capucha y lentes oscuros salió de entre los muros que quedan de pie en la ex Hacienda de San Antonio, en Ixtenco, Tlaxcala. Con una pistola apuntaba directamente a la cara de Marina.

“¡Qué hombre más raro!”, fue lo primero que pensó Marina Fuentes, tesista de licenciatura de la UNAM, mientras sujetaba una lagartija en su mano y observaba confundida al sujeto alto y robusto que caminaba hacia ella y Víctor. En el momento que Víctor Argaez, estudiante de doctorado de la Facultad de Biología, volteó para ver qué asustó a Marina, comenzaron las amenazas.

“Los paredones” de la ex hacienda de San Antonio, donde Marina y Víctor fueron atracados. Es el mismo sitio donde Iván y tres mujeres más fueron asaltados. Crédito: Ismael León

“Levántense y voltéense. No me vean”. Ambos investigadores hicieron caso. “Métanse ahí, rápido. Dejen todo”, ordenó la voz. Marina y Víctor entraron a lo que solía ser un cuarto. El sujeto hizo que se pusieran contra la pared y luego pecho tierra. Mientras revisaba lo que tenían, comenzó a interrogar a la joven de 25 años y su compañero de 30.

“¿Qué hacen aquí?”, preguntó. “Somos biólogos. Estamos trabajando con lagartijas. Estábamos sacándole sangre a una. Ahí están las cosas“, respondieron, acostados, viendo hacia un paredón de la ex Hacienda.

Entrada a Huamantla, Tlaxcala. Crédito: Ismael León

“¿Quién sabe que están aquí?”, siguió. La UNAM, los del hotel donde se hospedaban en Huamantla y un taxista sabían de su actividad. Aunque el chofer pasaría por ellos en una hora, los dos jóvenes le dijeron que llegaría en 15 minutos, que ya estaban por irse de ahí.

“Ni se les ocurra voltear”, sentenció. Fue lo último que escucharon del asaltante, según el relato de Marina a Plumas Atómicas. Pasaron dos minutos. Se pusieron de pie, recogieron lo que no se llevó –dos cañas de pescar y una hielera con muestras– y se fueron.

Muros de lo que solía ser la hacienda de San Antonio, uno de los sitios donde investigadores han sido asaltados. Crédito: Ismael León

No es la primera vez que pasa, asegura el Doctor Constantino de Jesús Macías, director del Instituto de Ecología de la UNAM, pero no todos los casos son denunciados ni llegan a los oídos de las autoridades académicas. Solamente se acercan a informar cuando es robado el equipo de la Universidad.

“Aunque el espectrofotómetro robado cueste 100 mil pesos, no tiene ninguna utilidad para un asaltante, ni siquiera puede venderlo”

En el caso de Marina, el cual ocurrió el pasado 26 de septiembre, el sujeto se llevó celulares, una cámara, carteras, mochilas y 600 pesos de viáticos. También les quitó un espectrofotómetro de la UniversidadEsta herramienta sirve para medir con precisión la coloración de las lagartijas. Para utilizarlo se necesita una llave que permite acceder a los datos desde el laboratorio del Instituto de Ecología de la UNAM.

La herramienta, afirman Marina y el Dr. Macías, es totalmente inútil para el asaltante si busca revenderlo o usarlo y cuesta más de 100 mil pesos. El espectrofotómetro estaba asegurado, sin embargo ya no será el mismo modelo. La Doctora Margarita Martínez, titular del Centro Tlaxcala de Biología de la Conducta (CTBC), señala que debido a la paridad peso-dólar actual, no les va a alcanzar para reemplazarlo.

Como dice Macías, no es un caso aislado. En 2013, el técnico académico del CTBC Iván Bravo estaba acampando con tres estudiantes en la ex Hacienda de San Antonio para estudiar ranas. Desde el cerro ubicado entre el sitio y el poblado de Portales, en Huamantla, descendió una luz. Rato después, varios sujetos se acercaron. Uno de ellos llevaba una escopeta.

La Malinche desde la ex hacienda de San Antonio. Crédito: Ismael León

“Iban a cazar conejos y nos conejearon”, relató el académico a Plumas Atómicas. Cuando estaban encañonados, Bravo se metió a una tienda de campaña para sacar las cosas de su interior y dárselas a los asaltantes. Dentro, alcanzó a escribirle a Martínez sobre el atraco. El técnico entregó las cosas al mismo tiempo que la doctora llamaba a la Policía de Ixtenco. Para cuando llegaron los agentes, los delincuentes se habían ido.

Ese día se llevaron una Canon, los celulares y ocho cámaras fototrampa –usadas para monitorear el movimiento y conducta de los animales– de la Universidad. En total, señala Bravo, se llevaron unos 33 mil pesos en equipo de la institución.

“Deja eso, además es el riesgo de los investigadores”, enfatiza Martínez, quien ante casos recientes teme por la integridad de las personas que llegan con su equipo para trabajo de campo.

Margarita Martínez, directora del Centro Tlaxcala de Biología de la Conducta. Crédito: Ismael León

Según una relatoría de casos recientes que Martínez presentó a la Comisión Estatal de Seguirdad (CES), y de la cual Plumas Atómicas tiene una copia, desde 2015 se han registrado otros tres hechos similares contra investigadores y uno más contra una mujer laborando con un grupo de boyscouts.

En 2015, “rompieron el vidrio de una camioneta oficial de la Estación Científica La Malinche (ECLM) que los académicos (de la) UAT dejaron en un camino” para observar aves. En esa ocasión se llevaron una computadora y grabadoras.

“Autoridades estatales de Tlaxcala dicen no estar enteradas de los incidentes”.

En 2016, sujetos armados le cerraron el paso a un alumno de Biología de la UNAM que se dirigía a Ixtenco y lo despojaron de sus pertenencias. Otro caso, un alumno de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT) fue asaltado por dos sujetos que lo amagaron con un machete.

A finales de 2017, en noviembre, una monitora de boyscouts y su acompañante subían la Malinche a bordo de una Toyota roja por el camino de Ixtenco para reunirse con el resto de la expedición y se encontraron con piedras en el camino, según agentes de la Policía municipal. El obstáculo levantó sospechas, pues las piedras no estaban cuando bajaron. Al meter reversa, un hombre encapuchado y a caballo salió del bosque con un arma corta y abrió fuego contra el vehículo.

La mujer, de alrededor de veinticinco años, se agachó ante la agresión, pero el vidrio que salpicó por los disparos se le incrustó en el rostro y le ocasionó lesiones menores.

Plumas Atómicas contactó a la UNAM y el gobierno de Tlaxcala para hablar sobre los incidentes. Mientras que aún no hay respuesta de parte de la UNAM, Tlaxcala señaló que no estaba enterado de los incidentes, pese a que Ixtenco registró la agresión contra la monitora, Víctor levantó denuncia y Martínez se reunió con el Comisionado de Seguridad en diciembre.

Camino de Ixtenco a la Malinche. Crédito: Ismael León

“Hasta hace cinco años era seguro para los estudios”, señala la Dra. Martínez, quien ha buscado mermar la inseguridad a través de programas de difusión en los poblados alrededor de la ECLM, tanto en Puebla como Tlaxcala. Con estas actividades muestran a los habitantes los proyectos que realizan, como el cuidado de los bosques para evitar la tala irregular y el estudio de gatos monteses, roedores, reptiles y aves.

Según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Tlaxcala ha visto un alza en la inseguridad en sus caminos desde 2013 hasta noviembre de 2017, particularmente en robos en carreteras con violencia a camiones de carga y vehículos particulares, así como robos en carretera sin violencia a los autos particulares. Los asaltos a los vehículos de cargamento aumentaron 498% desde 2013 y 57% en el caso de los particulares. En tanto, el robo a vehículos privados sin violencia subió 267% en dicho periodo.

Mientras que los académicos sospechan, sin fundamento o evidencias para sustentarlo, que los criminales provienen de Pilares, una fuente oficial que solicitó anonimato considera que sí podría tratarse de criminales organizados debido al armamento –escopetas, principalmente–, su conocimiento geográfico local y la forma de vestir.

Presidencia de comunidad de Pilares, Huamantla. Crédito: Ismael León

“Hay otros problemas más profundos y es que la gente deja de enviar a sus estudiantes a hacer trabajo de campo, o a sus académicos”, señala el Dr. Macías. “Somos un instituto de ecología y cada vez enviamos menos a la gente al campo porque no tenemos garantías”.

Macías relató que en 2011 envió a un grupo de estudiantes a una práctica en la frontera de Jalisco con Michoacán. Ahí, unos hombres –no recuerda si eran ladrones o narcos– llegaron al hotel en el que los alumnos se hospedaban y los despojaron de su dinero y celulares.

Este tipo de estanques artificiales son elaborados por los académicos como bebederos para animales. Crédito: Ismael León

“Entonces yo ya no mando a gente a esa zona y es una zona donde yo quería hacer trabajo de campo”, lamenta el director del Instituto. “Nos limita nuestra capacidad de hacer investigación sobre problemas reales de la ecología y la conservación en el país, porque no tenemos la tranquilidad de enviar alumnos”.

Marina Fuentes comenzó la investigación en 2016. Ya había ido anteriormente a la ex hacienda en septiembre de ese año, pero regresó para ampliar el muestreo y hacer más preciso su trabajo. Ahora, sin el espectrofotómetro y las muestras fuera de vigencia, tendrá que esperar hasta verano de este año para reiniciar su investigación.

Esteban González de León

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