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#Vulvasaur: Mi terrible y amorosa experiencia con la lactancia

Cuando nació mi hija mayor conocí el amor más profundo e incondicional. Pero también conocí el terrible dolor de pezones por amamantar, que sigue en mi Top 3 de los peores dolores que he sentido en la vida.

Para quienes nunca lo han sentido, es como si te pasaran un rallador de queso por el pezón y luego le agregaran jugo de limón. Como mi bebé comía cada dos o tres horas, debí aguantarme las ganas de gritar y llorar hasta que pasaron un par de semanas y mi piel se acostumbró.

 A veces se me pegaba el pezón al bra y tenía que arrancarme la costra de calostro y sangre para despegarlo. Otro par de veces tuve mastitis, con las chichis hinchadas como si estuvieran llenas de piedras, pero me aguanté. No dejé de amamantar porque sabía que la leche materna era lo mejor que mi hija podía recibir. Por eso y porque es gratis.

Sin embargo, entendí que jamás juzgaría a cualquier mujer que tomara la decisión de alimentar a su bebé con fórmula. Siempre sabré que, detrás de una mujer que ha parido y amamantado, hay historias de dolor, soledad y sufrimiento.

‘¡Yeeei! ¡El bebé tiene un nuevo diente!’ Dijo ninguna mamá lactante, nunca.

La lactancia puede ser fantástica, puede promover un vínculo inquebrantable entre mamá y bebé; y no hay nada más bonito que amamantar a una criaturilla hasta que se queda dormida. Pero también es desgastante. Y nadie te lo dice hasta que ya estás ahí, con un hermoso bebé en brazos y un dolor tan terrible que te preguntas qué clase de crimen estás pagando.

Todo sería más fácil si se hablara abiertamente del tema. Si existieran más redes de apoyo a las mamás lactantes, si se comprendiera que el puerperio y la lactancia son etapas sumamente duras en los que las mujeres necesitamos, más que nunca, comprensión y apoyo. Si no se nos señalara por amamantar en público y no se juzgara a quienes no pueden hacerlo.

Es por eso que las campañas prolactancia no me causan más que repulsión. En primer lugar, por su tufo paternalista. Asumen que si una mujer no le da pecho a sus hijes es porque no quiere y no contemplan los aspectos físicos, psicoemocionales y sociales que rodean a la lactancia.

 En segundo lugar, porque casi siempre son organizadas por hombres. ¿Se acuerdan de la infame campaña prolactancia de Miguel Ángel Mancera en la CDMX? La de “No le des la espalda, dale pecho“. ¿Y qué me dicen del más reciente panel en el que puros hombres se sentaron a hablar de algo que en su vida van a experimentar?

Me queda claro que son médicos, que saben mucho del tema, que son expertos en los cuerpos de las mujeres, bla bla bla. La cuestión es: el tema nos atañe, principalmente, a nosotras. ¿No pudieron encontrar a una sola doctora/experta en lactancia/mujer lactante para su ponencia? 

Yo, por mi parte, no le haría caso a una persona que no se ha aguantado las ganas de llorar cuando tiene un bebé-piraña pegado a la chichi. Y, seguramente, existen expertas en lactancia, médicas superchingonas, que han pasado por lo mismo que yo. ¿Cuándo las van a invitar a sus eventos prolactancia?

 

Por Gaby Castillo (@gabyzombie)