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Las violencias que invisibiliza el violentómetro

La violencia, en sus diferentes manifestaciones, no se escala ni gradúa
Las violencias que invisibiliza el violentómetro. (Imagen: Twitter)

Hace diez años el Instituto Politécnico Nacional (IPN) creo una herramienta para “medir la violencia” en la pareja: el violentómetro. Esta herramienta ha sido retomada por diversos medios de comunicación o campañas contra la violencia de género. No obstante, esconde o invisibiliza diversos tipos de agresiones físicas, emocionales, psicológicas contra las mujeres.

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El violentómetro una herramienta que mide de manera gradual la violencia en la pareja. Fue desarrollada en el 2009 por la Unidad politécnica de gestión con perspectiva de género del Instituto Politécnico Nacional .

Este es el violentómetro del IPN. (Imagen:Twitter)

Se divide en tres escalas según la gravedad de las agresiones: amarillo, rojo y azul siendo azul la alerta máxima. Los primeros niveles, en color amarillo, corresponden a la violencia psicológica y emocional. El color rojo corresponde a la violencia física disfrazada de juego. El azul representa la alerta máxima pues considera amenazas, agresiones sexuales y feminicidio. 

Desafortunadamente el violentómetro invisibiliza ciertos tipos de agresión y violencias a nivel emocional, psicológico e inclusive económico.

En este sentido, entendemos a la violencia económica como la restricción o condicionamiento de bienes económicos o materiales ya sea por parte de tutores, pareja sentimental e inclusive colaboradores del trabajo. Sin embargo, ésta no está puntulizada o explicada en el violentómetro. 

Otro de los problemas estructurales del violentómetro es que pone al mismo nivel la violencia psicológica y la emocional, cuando se trata de agresiones distintas y con diversas complicaciones. La violencia emocional consiste en manipular a la víctima disfrazando sus agresiones de buenas intenciones, si a menudo escuchas frases como: “si yo trabajo es para que tú no descuides a nuestros hijos”, “si te pido que me digas a donde vas es para saber que estás bien”, eres víctima de violencia emocional.

Por otra parte, la violencia psicológica consiste en desestimar tanto las acciones como salud mental de la víctima: “estás loca”, “estás exagerando”, son algunas de las frases que derivan de este tipo de agresión. Tanto la violencia psicológica como emocional  desembocan en la pérdida de dignidad, seguridad y confianza de la víctima.

El violentómetro no sólo invisibiliza violencias al compararlas, también engloba agresiones que pueden anteceder  a un feminicidio y deja de lado ataques que son igual de alarmantes. Por ejemplo, en el color azul ubica las amenazas con armas blancas en un alto grado de peligrosidad, y las amenazas verbales en el color amarillo. ¿No se supone que ambas son igual de preocupantes?

Si bien el violentómetro ha servido para visualizar la progresión de la violencia machista, no deja en claro que no se debe soportar ninguna de estas agresiones o esperar a que escalen. Más que una herramienta de medición se podrían realizar talleres informativos acerca de los tipos de violencia que las mujeres pueden sufrir no sólo con su pareja sino en distintos ámbitos de su vida diaria. 

Finalmente, las leyendas con las que alertan cada grado de agresión invisibilizan la gravedad de la violencia desde el inicio, pues pareciera que cada escala puede ser soportable en cierta medida. Sin embargo, ningún tipo de violencia es válida en relaciones de pareja, familiares, de amistad o laborales.

El momento de actuar contra la violencia en todas sus manifestaciones es desde el momento en que se presenta por primera vez.  Todas las agresiones que las mujeres viven son distintos tipos de violencia, ejercicios como estos les ayudan a darse cuenta de que son válidas y pueden luchar contra ellas.