Sandoval Íñiguez, cardenal de Guadalajara, dice que escultura ‘Sincretismo’ es una blasfemia

El cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, ha levantado ámpula tras difundirse un vídeo en el que critica severamente la escultura llamada ‘Sincretismo’, que desde hace unos meses ha creado controversia en Jalisco.

Aunque a muchos les ha llamado la atención la escultura por la opacidad con la fue seleccionada por parte del municipio, muchos otros se han centrado en la presunta blasfemia que representa contra el catolicismo al mezclar a la Virgen de Guadalupe con la diosa Coatlicue.

Aunque el título no puede ser más claro, “Sincretismo”, la escultura se ha prestado a múltiples discusiones bizantinas donde algunos creyentes, con más fervor que rigor histórico, aseguran que la escultura representa un agravio a su religión.

De hecho, el cardenal de Guadalajara empieza su discurso criticando lo que los conservadores llaman ‘ideología de género’, con la misma sarta de lugares comunes de siempre: es una conspiración que ‘viene de fuera’ y está ‘bien orquestada’ y sigue ‘intereses macabros’.

Ahora bien, ¿de verdad es ofensiva la escultura que incluso ya generó una marcha donde se exigió que fuera retirada?

Aunque cada quien es libre de ser susceptible de ofenderse por lo que prefiera, el sincretismo es un fenómeno cultural muy bien documentado desde hace siglos. En este particular caso, el ‘sincretismo’ al que hace referencia la escultura no es una sugerencia sino una mención de un hecho histórico: el origen sincrético de una de las imágenes religiosas más importantes para los mexicanos.

La misma Virgen de Guadalupe es una prueba de intercambio cultural y religioso. Su nombre proviene de la mezcla de la palabra ‘guada’, que quiere decir ‘río’ en árabe, con la palabra el ‘lupus’ que quiere decir ‘lobo’ en latín.

Desde el nombre, la que fuera una virgen morena desde su nacimiento en Extremadura en España, ha sido símbolo de comunicación entre culturas no sólo distantes sino confrontadas cuyo contacto ocurrió mayoritariamente a punta de hierro y plomo.

Sin embargo, señalar que una figura religiosa es producto de un sincretismo (es decir, la unión y mezcla de pensamientos distintos, casi opuestos) no es, como tal, una ofensa. Las manifestaciones culturales, y eso incluye a las deidades vivas u olvidadas, también son producto del intercambio pacífico o violento, la influencia de terceros y la mutabilidad de las tradiciones.

Aunque el cardenal Juan Sandoval Iñiguez debería conocer todos estos pormenores de la historia de su propia religión a la perfección, prefirió ignorarlos olímpicamente y alegar que la escultura “Sincretismo” ofende a los católicos. ¿De verdad es meritorio ofenderse por el hecho de que el ADN de tus creencias es variado y nutrido?

Aunque es apenas exacto mencionar la atribución de elementos prehispánicos en la Virgen (mexicana) de Guadalupe, la blasfemia es un agravio ubicuo que no atenta realmente contra las deidades sino contra los que creen en ellas; al menos, son los practicantes los únicos que se quejan.

De existir una ofensa en este caso es por un estricto malentendido. Por ejemplo, el cardenal Sandoval ve representaciones “demoníacas” donde hay meramente iconografía prehispánica. Las serpientes bíblicas significan algo opuesto a lo que representaban las serpientes que adoraban a la diosa Coatlicue.

Aunque a muchos no les guste, las religiones también son susceptibles a cambiar y ser influidas por el intercambio cultural. Ofenderse porque se ignora el intercambio cultural previo es válido, seguir ofendido luego de una meritoria explicación es simple necedad. De cualquier forma, en México no existen leyes contra la blasfemia, así que todo quedará en lo que fue desde el principio: un malentendido.