Una niña escribe un ensayo para su maestra abusiva: ‘sueño cada noche que me golpea’

La madre de una alumna de primaria encontró un ensayo escrito por su hija en el que denuncia el abuso físico y psicológico del que fue víctima por su maestra por cuatro años. Preocupada e indignada, la madre publicó el texto íntegro en el símil de Facebook en China, WeChat, y se viralizó inmediatamente.

A pesar de que desde 1986 la “disciplina física” está prohibida en toda China, eso no significa que deje de usarse: no sólo por los padres, sino por cientos de maestros rurales que, cada cierto tiempo, llegan a ocupar titulares. Esta vez, el escrito de una niña en Shanxi, una provincia al norte del país, dejó en evidencia un sistema violento de “educación”… que tampoco nos es tan ajeno. (Vía: Quartz)

De forma muy parecida al dicho “La letra con sangre entra”, la “disciplina” (más bien, el abuso físico) que ejercen los maestros con sus alumnos (y también los padres de familia con sus hijos y parejas) es férrea, no se toca el corazón y está asentada en una larga tradición: la dama jiaoyu (que, traducido, significa algo semejante a “golpear y maldecir”). (Vía: New York Times)

A pesar de que una y otra vez, a través de estudios psicológicos, neurológicos, sociológicos (y demás) se comprueba que la violencia física no “educa” a nadie, sino que, más bien, normaliza una respuesta agresiva que se termina repitiendo, pareciera ser que tradición es más fuerte que el bienestar de millones de niños y niñas que, como la pequeña que se atrevió a describir su experiencia, viven esa violencia a diario.

Oh, mi profesora, a diario pasamos la vida viendo sus expresiones faciales. Si está feliz, nosotros lo estamos también; si está enojada, estamos aterrados. ¿Acaso sabe lo nerviosa y aterrada que estoy, cuántas ganas tengo de ir al baño cuando estoy en su clase? Estoy tan asustada de que golpee por ninguna razón, y me aterra aún más pensar en usted golpeando a otros niños en los pasillos. Sus llantos que me hacen un vacío en el estómago sólo lo empeoran, y mi estómago me duele. Por medio año, lo único que he hecho es esperar que las clases acaben temprano, pero no me atrevía a  hablar de esto a mis padres para no causar ningún problema innecesario. Y yo sigo queriendo ser una niña buena en su corazón. (Vía: Quartz)

En 2016, más de la mitad de los hombres chinos (el 57%) aceptaban que regularmente golpeaban a sus esposas, mientras que el 46% “administraba la disciplina” contra sus propios hijos.

Podrá parecernos muy lejana la cultura y la sociedad chinas, pero pareciera que compartimos muchas más cosas que la Nao de China: cuando educamos desde la violencia no podemos esperar construir una sociedad justa.

 

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