The First Purge: ¿Cómo una película tan mala puede tener planteamientos tan buenos?

La última entrega de la saga que iniciara en 2013, The First Purge, es, al mismo tiempo, una muy mala película con una crítica dura e inteligente a los tiempos que corren no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo: cuando hay nazis en redes sociales y en las calles, ya no hay espacio para ser sutiles.

Si hace cinco años alguien te hubiera dicho que el presentador de The Apprentice iba a ser el presidente de los Estados Unidos, que verías desfilar a nazis en esas mismas calles y que el racismo y los ataques xenófobos estarían fuera de control en buena parte de Occidente seguramente lo tildabas de loco y continuabas con tu vida como si nada.

Cuando salió la primera entrega de The Purge, 2013, una película de ‘horror social’ como ha sido las últimas entregas de la misma saga, era infactible, pero los tiempos cambian. En cinco años, la saga ha logrado cambiar de acuerdo a las diferencias en el discurso político y ese es un logro que no pocas sagas logran.

First Purge: una crítica nada sutil a la política actual (Imagen: Universal Pictures)

En The First Purge, lo que era insinuado en la saga completa se hace explícito: la ‘expiación’, esas doce horas donde todo crimen es permitido, ‘incluso el asesinato’, más que un ejercicio catártico como el Carnaval en el medioevo, es en realidad una medida de control poblacional: el partido en el poder, los New Founding Fathers (los Nuevos Padres Fundadores) destruyeron un país que se les entregó fracturado e insostenible, por lo que ‘tenían que tomarse medidas extremas’.

Esas medidas extremas van de la mano de una psicóloga social, la doctora Updale (interpretada por Marissa Tomei), quien considera que el “experimento” (como se refieren a la purga en el primer acto de la película) no es una maniobra política.

La película recurre a mecanismos un tanto burdos, pero políticamente necesarios, para hacer explícita la crítica y la teoría política alrededor de la vulnerabilidad económica, política y social de las minorías en Estados Unidos: se les ofrece dinero para participar de y en el experimento; dinero que necesitan con urgencia para sobrevivir no esas doce horas sino su vida cotidiana.

Una vez que inicia el experimento y casi nadie anda matando, Arlo Sabian, jefe del gabinete de NFF, libera mercenarios vestidos del KKK, grupos neonazis y demás parafernalia de los que, en la vida real, son seguidores de Donald Trump, y se dedican solamente a eso: asesinar, violar y matar a las minorías que, hasta entonces, habían preferido ir a fiestas o protegerse en una iglesia.

Estos son los tiempos de Trump, donde ataques terroristas como Charlottesville, y provocaciones como nazis recorriendo las calles y gente que, feliz e impunemente, agrede, violenta y mata a minorías con la aprobación tácita de su presidente. Estos ya no son tiempos de sutilezas.

Lo poco pulida, predecible y fallida de la realización de The First Purge, pareciera, un reflejo de la resistencia que desde todos los rincones del mundo se hace contra el discurso fascista y totalitario: no sólo en Estados Unidos, no sólo dentro de el ámbito político sino en la resistencia local y comunal.

La decisión de Gerard McMurray de cerrar la película con ‘Alright’, de Kendrick Lamar no sólo es una referencia inmediata a #BlackLivesMatter, sino una confirmación del mensaje político de la película: vamos a estar bien, pero es necesario y urgente luchar.