George A. Romero falleció, contrario a su creación, no despertará como zombie

El día de ayer, a sus 77 años, murió George A. Romero, creador de las películas de zombies tal y como las conocemos. Aunque siempre trabajó en la periferia de Hollywood, su producción fue un hito que cambió para siempre el cine de terror.

Hijo de inmigrantes cubanos y lituanos, creció en el Bronx a mediados de siglo y pronto fue encontrando un camino dentro de la producciones más importantes de la época. Fue colaborador de Alfred Hitchcock  mientras grabó El Hombre que Sabía Demasiado (1959), pero pronto se desilusionó del cine hitchcockeano y decidió buscar otros caminos, y esa decisión cambió el cine para siempre. (Vía: El País)

Tu serie favorita de zombies, tu videojuego favorito y tus novelas favoritas de zombies le deben casi todo a una película: La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead) (1968). Hoy, cuando tenemos zombies luchando hasta contra las plantas, puede que no sea tan transparente, pero toda película de zombies es, inevitablemente, una película sobre lucha de clases. (Vía: Zombies, Vampires and Philosophy, eds. Greene, Mohammad)

La idea original de La noche… era ser una adaptación libre de la novela Soy leyenda, de Richard Matheson (sí, esa protagonizada por Will Smith y que nunca entendimos por qué acaba tan bonita), y varios guiños a lo largo de la película marcan el inicio de una discusión que sigue hasta hoy: el comentario social en el género de terror. (Vía: Código Espagueti)

Los zombies son como nosotros, fueron nosotros, y ahí mismo recae su horror; los zombies son masas sin nombres, sin individualidad ni nada que los identifique más que su urgencia por carne humana, esa misma que tienen y al mismo tiempo están dejando de tener; los zombies no tienen nada, y, por lo mismo, no tienen ya nada que perder, y, en una buena película de zombies, lo que menos importa, lo que menos asusta, son los zombies.

Romero insistía en que lo verdaderamente terrorífico del cine de horror (pero en especial de su género) son la reacciones de los humanos: odio, terror y sacrificio y todo lo que está en medio de ellos. Porque son los humanos los que mantienen la trama viva (perdón por el mal chiste), los zombies son lentos, torpes, aburridos y fáciles de matar…

Las “reglas de Romero”, como apunta Peter Stone para Philosophy Now, son lo que pone en el centro de la discusión a los humanos: genera crisis alrededor de ellos, hazles creer que no hay nada más que unos cuantos y que todos están matándose para sobrevivir, y disfruta. Después de 1968, las películas de zombies (y los videojuegos y las novelas) han hecho dos vías para seguir la trama: o complicarla, o parodiarla: World War ZThe Shaun of the DeadResident EvilDeadrising. (“Zombie Morals, en Philosophy Now)

Le tememos a los zombies porque ponen en la superficie no a ellos ni nuestra supervivencia, ni siquiera al fin del mundo, sino a nosotros mismos. En El Despertar de los Muertos Vivientes (Dawn of the Dead) (1978), los protagonistas no están en una cabaña olvidada, sino en un centro comercial…

El genio de Romero radicó, como ha apuntado varias veces Slavoj Žižek, en hacer “normal” la ideología: hacer transparente el comentario social para que no sea rechazado y, en cambio, sea normalizado. En un mundo lleno de zombies, ni morir nos saca del sistema.

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