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Reseña: Mexicanos de bronce, documentar el día a día en la cárcel

Como muchos trabajos cinematográficos, esta película tuvo que dar toda una gira en festivales... para que la pudiéramos ver en Netflix
Reseña: Mexicanos de bronces, documental sobre rap y cárcel

El documental Mexicanos de bronce (2016), acaba de lanzarse en Netflix, narra la vida dentro del Reclusorio Oriente de tres personajes, el intento de reinserción social de uno y la profunda relación que tiene la vida carcelaria con el rap y el hip hop.

El hip hop tiene una larga historia, una que rebasa sus propios orígenes, pues es un género musical nacido de la mezcla forzada: de la vida violenta, precaria e insegura que políticas e instituciones generaron en porcentajes “tolerables” de la sociedad.

El rap se canta en las cárceles, sus intérpretes son vigilados por la policía y por décadas, quienes lo escuchan, producen y consumen han sido señalados por una sociedad pronta al juicio y voluntariamente ignorante de las condiciones estructurales que estigmatizan a esas comunidades.

El hip hop en México ha sido documentado en trabajos como Somos Lengua (Kyzza Terrazas, 2016) y ha sido eje de múltiples narrativas literarias y fílmicas mexicanas en los últimos años. A pesar de que se empieza a conocer esta escena, sigue siendo juzgada, tal como ocurre en Estados Unidos, como una música “violenta” digna sólo de los elementos más dañinos de la sociedad.

Sin embargo, mientras que Somos Lengua se construye como un relato de las experiencias atravesadas por la escritura y la rima; Mexicanos de bronce prácticamente usa como pretexto el hip hop para construir el perfil de tres presidiarios que, casi como accidente, hacen rap.

Si bien se intenta presentar a los presidiarios como personas completas y, por tanto, complejas, con familia, pasado, sueños y fallos, la intención del director, Julio Fernández Talamantes, no traspasa su realización, que parece, más bien, querer idealizar a personajes fallidos y violentos, al mismo tiempo que los condena desde un determinismo casi decimonónico: hay gente que nació para la cárcel, pareciera decir en la conclusión de su trabajo.

Finalmente, como siempre ocurre con el cine mexicano, esta película fue grabada y concluida en 2016, pero tuvo que dar una gira por múltiples festivales nacionales e internacionales para, finalmente, tener un espacio de distribución. Esta vez, no serán salas, sino casas: Netflix, donde ya está disponible para que la veas donde quieras.