Reseña: The Good Place, cuando la ética choca contra el capitalismo

Reseña: The Good Place, cuando la ética choca contra el capitalismo

Acaba de terminar la tercera temporada de The Good Place, transmitida en América Latina por Netflix. La serie parte de una premisa mu sencilla: ¿qué ocurre cuando mueres? y, a partir de ello, explora la ética, la filosofía y, en esta última temporada, la política de las acciones humanas. Esta temporada, la serie se pregunta una sola cosa: ¿se puede ser ético en el capitalismo?

Tengo pedir disculpas por algo: esta reseña no será tanto una reseña, porque para hablar a profundidad de los temas que toca The Good Place se necesitan spoilers. Así que, si no la has visto, corre a Netflix, vela y regresa.

¿Listo? Comenzamos, entonces.

 

The Good Placees una serie genial, no sólo por su premisa sumamente sencilla (pero complejamente aterrizada), sino por el trabajo de los escritores, las actuaciones, el desarrollo de los personajes y el humor, siempre a tono con el capítulo.

Las primeras dos temporadas son el sueño de todo profesor de preparatoria: ¿cómo hacer que alguien, que cualquiera, se interese por Hume, Kant o Heidegger en un mundo de Netflix? The Good Place  lo logra aparentemente con la mano en la cintura. Sin embargo, para la tercera temporada dio un giro que no esperaba: aterrizar, literalmente, la discusión filosófica a la tierra.

El desarrollo de personajes y la complejidad de las relaciones humanas, atravesadas por la filosofía ética fueron una gran guía, pero una que tenía que agotarse, y lo hizo con el giro del final de la segunda temporada: ¿se puede seguir ejecutando la teoría ética en el mundo actual?

La respuesta sencilla, a la que llegan los personajes luego de toda una temporada es una crítica ética del capitalismo tardío sobre la que se ha escrito mucho, pero nadie había tenido el valor para convertirlo en una pieza argumental de una película o una serie: “No hay posibilidad de ser ético en un sistema que nos es opaco”, o, lo que es lo mismo (casi), “No hay consumo ético en el capitalismo.

Mira todas las cosas que tienes cerca de ti: desde el teléfono o dispositivo en el que estás leyendo esto, hasta tu botella de agua, tus audífonos o lo que comiste hoy, ¿sabes cómo es que llegaron a ti?, ¿sabes cuántas familias no recibieron un salario justo por el ensamblado de tus audífonos, cuántos kilómetros cuadrados de bosques fueron tumbados para cultivar la soya para tu leche libre de maltrato animal?, ¿eres responsable de esa cadena de producción que, a propósito, se te oculta cuando compras cualquier cosa?

En un mundo tan complejo como en el que vivimos, ¿sigue siendo viable las dicotomías entre lo “Bueno” y lo “Malo”? Vaya, nadie considera que matar deje de estar prohibido, que robar es (en casi cualquier situación inaceptable y que la responsabilidad de cada uno por sus actos es, justamente, la presión necesaria para “hacer el bien”; pero, por ejemplo: reducir el consumo de carne y comer quinoa, ¿es una “buena” decisión cuando las familias que las producen lo hacen en condiciones cercanas a la esclavitud ?

En The Good Place no estamos hablando de querer cambiar el mundo, sino de tener una vida ética dentro del sistema en el que vivimos. Eso, parecen decir sus escritores al final de la tercera temporada, es simplemente imposible.

Sin embargo, quizá hay una salida, una tangencial que quizá no nos limpia de culpas, pero nos permitiría vivir con nosotros mismos. ¿Podemos hacer algo, individualmente, para mejorar el mundo o cambiar el sistema? No, pero lo que sí podemos es tener consciencia de los efectos que nuestras acciones y palabras tienen en el círculo cercano en el que vivimos y al que influenciamos.

Jameela Jamil, Tahani en la serie, se ha convertido en una voz fuerte en la denuncia de influencers y estrellas que utilizan su posición para hacerse de millones de dólares promocionando productos dañinos y estilos de vida que afectan a sus millones de seguidores.

Quizá la única forma de vivir éticamente en el capitalismo sea no ser un culero con la gente que te rodea. Y quizá ni siquiera eso nos evite de llegar a “The Bad Place”.

por Raúl Cruz V. (@rcteseida)