Del Toro rompe regla: los cineastas premiados sí pueden hablar de política

Guillermo del Toro ganó el León de Oro del Festival de Cine de Venecia, uno de los más altos reconocimientos en la industria fílmica. En gira en México, y en una entrevista colectiva que él mismo organizó, tomó un tiempo para responder preguntas a la prensa y decirle a Enrique Peña Nieto que no, no le gusta que él lo felicite por sus logros.

Guillermo del Toro, junto con Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón representan, para muchos, el reposicionamiento del cine mexicano en la escena internacional: los tres amigos producen películas completamente diferentes uno del otro pero, también, de la tradición fílmica nacional.

Aunque se formaron en las mismas instituciones y con los mismos maestros que los guionistas y directores del “Nuevo Cine Mexicano” (Jorge Fons, Carlos Carrera, Antonio Serrano…), se alejaron de la forma como se había estado haciendo películas y se arriesgaron: rompieron moldes y, en muchas ocasiones (Del Toro, principalmente), tuvieron que salir del país, pues aquí simplemente no existían ni las condiciones, ni el público ni los productores para el trabajo que produjeron.

Desde fuera, aunque dialogando siempre con México y su cine, al trabajo de Del Toro, Cuarón e Iñárritu cuesta mucho trabajo llamarle “cine mexicano” y no, más bien, cine hecho (dirigido, escrito y/o producido) por mexicanos.

No han sido pocas las veces que se les ha acusado de escapistas, extranjeros o evasores cuando critican algo “intocable” del cine y la cultura mexicana: justo porque producen y trabajan fuera del país, pareciera que no tienen derecho a tener una opinión sobre éste; a pesar de que su obra constantemente voltea a sus orígenes y hace guiños (estructurales, visuales y narrativos) a la cultura y tradiciones mexicanas; a pesar de que, tal como declara en la conferencia de prensa Del Toro, por años han producido decenas de películas de directores y creadores mexicanos jóvenes que no hubieran visto su trabajo terminado sin ellos.

Durante la entrevista, Guillermo Del Toro hizo alusión a varios temas que ya son “lugar común” dentro de las discusiones políticas casuales: la corrupción, el cinismo de las autoridades, la creciente separación con los votantes y, también, la organización social frente a desastres naturales como un sismo o las elecciones.

En buena medida, Del Toro no tendría por qué hacer comentarios más allá de ese lugar común. Por alguna razón, sentimos que las figuras públicas tienen la obligación de decir cosas, posicionarse políticamente de forma pública, deben de tener una opinión de todo y cada momento y que estos comentarios tendrían que ser “llamadas de atención” o alertas para la “opinión pública” para que ésta encamine su “lucha” contra el status quo

Por otro lado, es fascinante ver a alguien tan público hacer comentarios que, por lo general, se quedan en la esfera privada:

Son las cosas que no comento normalmente, pero cuando pienso en la clase política me pregunto: ¿qué clase de sociopatía puede existir de manera ya institucional para tener la imposibilidad de conectar con la necesidad urgente que está al lado de tu pinche Mercedes en Insurgentes? Porque cuando te paras en cada cuadra de nuestro país podrías conectar con el mundo. Es incomprensible.” (Vía: El Universal)

La última película del director tapatío, La forma del agua, es (según él mismo lo ha dicho) un relato de amor que busca revertir el miedo a “El Otro”: en un periodo terrible para quien luce “diferente” en los Estados Unidos, resquebrajar narrativamente la figura del chivo expiatorio a través de un monstruo, quizá, es una de las posturas políticas más claras que ha tenido un director “de fantasía” que, aunque se ha rehusado constantemente a decirlo, utiliza su medio (como todo creador) para dar una postura política.

Lo que acaparó la atención de los medios, definitivamente, fue la respuesta a la pregunta de un periodista: ¿le gusta recibir felicitaciones del presidente de México?, a lo que simplemente respondió:

“No, no me gusta cuando me felicita. No me gusta porque México es un país que ha tenido grandes personas de todo: atletas, artistas, científicos, filántropos pero no hay grandes políticos, a veces me lo pregunto, ‘¿cómo es posible que no nazcan 10 políticos que hagan lo que se tiene que hacer, que tengan esa vocación?‘ La clase política está pervertida, hay todo un rollo para hacer justamente lo contrario de lo que se debería de hacer.” (Vía: El Universal)

Sin duda, Guillermo del Toro es uno de los mejores directores y realizadores mexicanos, quizá sus opiniones políticas no sean de lo más agudas, pero siempre es bueno (más frente a este periodo electoral que está por iniciar) leer cómo voces públicas rompen cercos.