Crímenes de Grindelwald: cuando un comentario político falla (y duro)

Los eventos políticos definen los productos culturales del momento: así como la paranoia nuclear en los 80 creó el espacio para Terminator; así, desde el 2015, la presencia constante de Donald Trump y sus seguidores y copias, han generado un cine que intenta posicionarse respecto a él. Hay películas que lo logran impecablemente, como Get Out, hay otras que fracasan rotundamente, ese fue el caso de Los Crímenes de Grindelwald.

Los Crímenes de Grindelwald es la décima película en el universo de Harry Potter. Es la segunda escrita por J.K. Rowling y, si bien es una secuela de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, es una película completamente diferente de la anterior: al mismo tiempo busca ampliar el “Wizarding World”, pero lo hace desde la nostalgia de las primeras películas de Harry Potter, y desde esa decisión comienzan los problemas con la película.

¿Cómo estableces nuevos elementos de un universo conocido y amado por millones? Parecía que la primera entrega de Animales Fantásticos tenía una solución: apenas mencionar a los personajes que reconocen todos con guiños y unas cuantas referencias que podían pasar de largo para los que no saben mucho del “niño que vivió”.

Easter Eggs en Crímenes de Grindelwald
Personajes del universo de Harry Potter hacen imposible el desarrollo de una historia

Ahora, con Los Crímenes, más que referencias, los elementos de nostalgia son el eje narrativo de la película: más que ver las aventuras de Newt Scamander y sus animales fantásticos, lo que ocurre por poco más de dos horas es un desfile de nombres, guiños y referencias que muchas veces contradicen lo que los fanáticos de Harry Potter han considerado el canon de su universo.

Y es, justamente, la utilización tan burda de la nostalgia lo que opera en contra de la película, específicamente en los momentos en los que intenta convertirse en un comentario político del momento: ¿puede un artificio de la nostalgia operar como una crítica contra quien ha hecho de la misma nostalgia un arma?

Grindelwald, el antagonista de la película interpretado por el actor acusado en múltiples ocasiones de violencia doméstica, Johnny Depp, es un mago fascista que cree en el mandato providencial de que su raza, los magos, tienen que reinar sobre toda la creación; sin embargo, su discurso no es directamente confrontacional ni abiertamente fascista, sino que se vale de “trucos” retóricos que podrían ser considerados demagógicos o populistas: sabe qué es lo que la gente quiere escuchar, sabe leer un escenario y a una multitud y decir a penas lo necesario para que sean “los otros” los que reaccionen tal como lo planea.

El personaje, que pudo haber sido pensado como un guiño a líderes fascistas como Hitler o Mussolini es, más bien, un burdo intento de Trump. Burdo porque, si bien Rowling lo hace usar giros retóricos y hasta lingüísticos de Trump, es tan obvia la relación entre Grindelwald y Trump que no sólo pierde fuerza, sino que se vuelva tediosa.

Volvamos a la nostalgia. Donald Trump lanzó su campaña presidencial en junio de 2015 con un slogan que se ha convertido en grito de batalla de xenófobos y racistas: “Hacer grande a América de nuevo. ¿De nuevo?, ¿cuándo fue grande y cuándo dejó de serlo… por qué dejó de serlo? En ningún punto el slogan es abiertamente racista (ni tampoco original: lo usaron Reagan y Nixon), pero está tan cargado de significado para una población que siente que el pasado fue mejor, que su pasado fue mejor, que vaciaron y siguen vaciando en él lo peor de su racismo y violencia. Esa es la nostalgia convertida en arma.

La decisión política de Rowling y el director David Yates, de vincular el antagonista de su película con Trump, en una tan cargada de nostalgia que impide que se desarrolle la historia o que haya algo semejante al desarrollo de personajes, no sólo diluye el comentario político, sino que lo hace casi irónico: ¿no se dan cuenta que el elemento principal de lo atractivo de Trump es, justamente, lo que atrae a millones a seguir viendo esas películas?

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Eso sí, el diseño de los animales fantásticos, como siempre, está increíble…

Por: Redacción PA.